LIGAR

PAREJA 2

Lo primero que debemos tener en cuenta al tratar este tema es cómo suele ser el proceso de aprendizaje de la mayoría de las personas homosexuales e intersexuales durante la adolescencia.

Obviamente, el sentirse fuera de la norma, el que no haya lugar para expresar nuestra orientación ni deseo, hace que resulte complicado, y a veces imposible, experimentar de una forma natural durante esta etapa.

Las personas que se mueven dentro de la heteronormalidad viven la adolescencia como una etapa de experimentación y aprendizaje en lo relacionado con la sexualidad (conocimiento del propio cuerpo, relación con las personas del sexo contrario, compartir experiencia con los del mismo,…), poniendo en práctica rituales de cortejo y apareamiento que les sitúan dentro de la norma social.

Reconociendo que, en general, la adolescencia puede ser una etapa de dificultad para todas las personas, parece obvio que para nosotros y nosotras esta dificultad se eleva al cubo, por lo menos.

Aunque actualmente, gracias a la mayor apertura y posibilidad de comunicación que suponen las redes sociales, las personas pueden compartir sus circunstancias personales; lo cierto es que el entorno más próximo, de gran importancia referencial para la adolescencia, sigue siendo bastante hostil a las tendencias sexuales disidentes.

La adolescencia LGT suele trascurrir manteniendo en soledad nuestra condición y nuestro deseo; culpándonos y negándonos, una vez más, el derecho a disfrutar del contacto físico.

La falta de normalidad con que vivimos la homosexualidad hace que muchas veces las primeras relaciones no se vivan de forma relajada y normalizada, no se hable de ello con el grupo de iguales, se sienta culpa y sentimiento de exclusión.

En fin, la adolescencia de las personas que nos situamos en estadios sexuales no convencionales conlleva unas dificultades extras, o por lo menos diferentes, a la de las personas que están dentro de la norma.

Esta clandestinidad a la hora de abordar todo lo relacionado con la sexualidad y las relaciones hace que el modelo normalizado no sea un referente para nosotros y nosotras. Necesitamos otros tiempos para asumir nuestra identidad, para buscar nuestros espacios donde relacionarnos, para transitar y probar diferentes formas de relación fuera de la norma,…

Como históricamente lo que se ha pretendido es apagar nuestra identidad, nadie ha hecho nada por crear espacios para que la juventud sexualmente disidente pueda desarrollarse. La inexistencia de estructuras de aprendizaje hace que vayamos experimentando cómo y dónde podemos, generalmente con poco apoyo y sin referencias.

Así, que del mismo modo que esa sociedad que nos reprime, descalifica nuestros espacios de relación, nosotros introyectamos sus valores y también los descalificamos.

Por eso creo que es preciso legitimar y valorar en su justa medida las formas de contacto a las que como minoría hemos sido relegados tradicionalmente. Bares, cuartos oscuros, cines porno, saunas, páginas de contactos, parques, baños públicos…, han sido, durante mucho tiempo, los únicos espacios a los que hemos tenido acceso.

Hemos de tener en cuenta que la elección de espacios de relación en los márgenes no ha sido nuestra, es lo que quedaba libre, y que somos las personas, con nuestra actitud, quienes hacemos dignos o indignos los espacios. Y me parece especialmente necesario remarcar esto para que no olvidemos que las personas con las que nos relacionamos en estos espacios son tan dignas como nosotras cuando acudimos a ellos.

PONER LIMITES

INVIERNO 09-10 (7º) Lisboa 063

En algunas personas la base del conflicto en las relaciones con los demás reside en la dificultad de poner límites, en no saber o no atreverse a defender el propio espacio, en no saber decir no.

El origen de esta dificultad puede residir en el sentimiento de inferioridad, en el temor a ser rechazado o abandonada si pongo algún tipo de traba a lo que se me demanda, en el miedo a ser agredido verbal o físicamente si defiendo mis derechos.

No debemos olvidar que las personas que nos movemos en estadios sexuales no acordes con la norma binaria heterosexual hemos sido y somos potencialmente agredibles.

Poder definir a alguien como marica da al sujeto que emite esa palabra un poder enorme de hacer daño.

Así que, tanto como personas individuales como a nivel grupal hemos interiorizado ese temor a ser agredidos por cualquier patán, que por el mero hecho de tener deseo hacia el otro sexo se siente superior.

El tener interiorizado ese sentimiento de inferioridad nos hace muy vulnerables a cualquier agresión y esto provoca ir por la vida evitando cualquier tipo de conflicto, renunciando a los propios derechos por el miedo a las hipotéticas represalias que se pueden producir.

En esta dificultad de defender el propio espacio es preciso señalar lo que nos cuesta utilizar estrategias agresivas, típicamente masculinas; parece que en el proceso de asunción de la homosexualidad se dejan atrás una serie de recursos defensivos que podrían sernos de gran utilidad.

poner limitesParte del proceso terapéutico de empoderamiento consistiría en investigar en nosotros mismos la posibilidad de usar esos recursos que tienen que ver con el uso de la agresividad; ver si somos capaces de hacerlo (probablemente si), si nos resultan extraños en nosotros, si debido a introyectos relacionados con lo que es un marica nos vemos ridículos, si nos provoca culpa,…

Consistiría en investigar sobre los recursos estereotipadamente masculinos: la agresividad, el grito, sacar pecho, levantar la cabeza, pisar fuerte, empujar, usar tacos, seriedad en el rostro,…

Darnos permiso a pelear por lo nuestro, en lugar de ir siempre pidiendo disculpas por ser como somos, hace que nos sintamos más fuertes y vayamos adquiriendo un mayor autoapoyo.

El ser menos dependientes de la valoración externa nos hace más autónomos a la hora de decidir sobre lo que queremos y lo que no queremos.

Se impone una terapia de resistencia, se acabó pedir comprensión; exigimos nuestro espacio, luchamos activamente por nuestro poder (con periodos de descanso).

EXILIO Y DESARRAIGO

042

El éxodo de nuestra comunidad a las grandes ciudades se basa en la búsqueda de espacios en los cuales no sentirse excluidos, donde poder vivir con un mínimo de libertad.

Considero que es fundamental para un desarrollo equilibrado estar en contacto con personas con las cuales poder compartir lo que uno es, lo que siente, sus necesidades y deseos,… Las minorías sexuales encontramos esos espacios en las grandes núcleos donde se han constituido comunidades fuertes que dan identidad a sus miembros y se constituyen en referencia para personas que viven alejadas de estos centros (que algunos descalifican como guetos).

Este exilio, unas veces elegido, pero casi siempre bastante inducido por las circunstancias, provoca cierto desgarro (sobre todo cuando el exilio es, además, intercontinental, económico, político, con amenazas de prisión o muerte,…).

Esta búsqueda de libertad suele llevar aparejada soledad. La búsqueda de nuevos referentes supone, en ocasiones, transitar por zonas desconocidas en las que nos buscamos sin tener muy claro a donde vamos a llegar; supone traspasar por un vacío ansiógeno, ya que vamos abandonando el pasado en búsqueda de un futuro incierto.

Esto que viene de antes, son las raíces, la familia, elementos de gran relevancia a la hora de conformar la personalidad y dar una identidad y cuya carencia provoca, en ocasiones, sentimientos de profundo desarraigo.

Ante esta circunstancia de desamparo social, es preciso crear espacios alternativos, donde se creen vínculos que de alguna manera signifiquen relaciones estrechas e íntimas (muchas veces sustituyen a la familia de origen), una nueva familia basada en lazos de amistad con la gente que aparece en la nueva vida.

El sentimiento de exclusión que se puede sentir ante el núcleo de origen hace que la búsqueda de pertenencia sea algo que dirija las relaciones. Nos quedamos huérfanos y sin identidad y es preciso crear alternativas que proporciones apoyo y seguridad. Es preciso crear raíces para poder crecer.

En muchas ocasiones, este exilio es favorecido también por el entorno próximo (la familia) que no suele saber, o no quiere saber, como gestionar nuestra pública exposición (una vez más, el conflicto surge cuando queremos hacernos explícitamente visibles).

De hecho, es bastante habitual que haya una desconexión entre la nueva vida que se desarrolla al llegar al nuevo espacio elegido para vivir en coherencia con uno mismo y aquello que viene de antes. Con lo cual, la ruptura, o por lo menos el distanciamiento, entre la nueva forma de vida y el entorno  de origen se hace inevitable e los primeros momentos.

Desde mi punto de vista, es el trabajo personal desarrollado dentro de un contexto de referencia positivo (construido a través de la lucha personal, social y política) lo que puede permitir reencontrarse con los orígenes en términos de igualdad.

MIEDO

032

Aparece un miedo básico que tiene que ver con la continua ocultación. Personas que pasan todos los días de su vida temiendo que la gente de su alrededor se den cuenta de lo que es, viven en un continuo estado de tensión por el miedo a ser pillado.

Si tenemos en cuenta que algunas personas homosexuales dedican gran parte de su energía a que no se les note, podemos imaginar el terror que supone el ser calificado como tal.

Este autocontrol (que suele tener su origen en edades tempranas) se va consolidando según la persona va dándose cuenta del rechazo que supone ser gay se va convirtiendo, poco a poco, en una forma de estar en el mundo; un modo de estar que hace que cualquier situación que suponga una falta de control, un grado de espontaneidad, asuste.

El miedo se va pegando a la piel y la angustia se convierte en una sensación habitual.

Esta angustia va unida a la necesidad del control, es la emoción que acompaña a la falta de espontaneidad.

Cualquier grado de naturalidad lleva unida la posibilidad de que los otros se den cuenta y para evitar esto la rigidez invade el cuerpo.

Esta rigidez tiene un carácter emocional que se refleja también en el cuerpo y viceversa; el control de las emociones se acompaña de tensión corporal y esta tensión impide el flujo de lo que la persona siente.

Con el tiempo este miedo se va generalizando a todas las situaciones de la vida y se convierte en una forma de estar en el mundo, todo asusta.