SENSIBILIDAD

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En algunas personas, suele aparecer un rechazo a la parte sensible, de la propia vulnerabilidad. Sobre todo en hombres que se niegan a reconocerse como gais.

Tradicionalmente, la sensibilidad se ha relacionado con debilidad. Todo lo que tiene que ver con el cuidado, la ternura, el afecto se asocia a lo femenino y, de forma inconsciente o consciente, se desvaloriza.

De forma que un hombre que quiere que prevalezca su masculinidad de cara al exterior, tratará de esconder toda esa parte. Procurando dar una imagen de dureza que haga que nadie “sospeche” de su homosexualidad; incluso en el caso de haber asumido la propia homosexualidad hay una infravaloración de esa parte, digamos, femenina, de tal forma que dentro del propio ambiente gai se discrimina a las personas que tienen más pluma. De alguna manera se discrimina al que se aleja más del estereotipo masculino.

Esto conlleva que se esté dando una hipermasculinización del ambiente gai que, obviamente, está escondiendo una parte importante de la realidad homosexual y que consiste en negar una parte importante del propio ser.

En el caso de las personas que se hayan quedado enganchadas a este rol, clavadas en un extremo de la polaridad masculino-femenino, habría que iniciar un proceso que ayude a asumir esta parte.

El trabajo terapeútico consiste en ampliar la gama de posibilidad de actuación, evitando que nos quedemos fijados en ninguno de los dos roles, debemos permitirnos transitar de un lado a otro en función de las circunstancias.

Así, el objetivo es poder conectar con los sentimientos y con la emoción; no negarnos ni esconder lo que sentimos, sino darle el espacio que reclama, escuchar lo que nos dice para poder darle la respuesta adecuada.

Por ejemplo si lo que necesito es cariño y desde la negación de esa realidad me tiro a buscar sexo, pues es como si tengo sed y como, al no ser consciente de lo que realmente necesito no me estoy cubriendo esa necesidad de la forma que más me conviene.

Una técnica que ayuda mucho para tomar contacto con los sentimientos es llevar la atención a las sensaciones físicas del cuerpo. Normalmente las emociones tienen una resonancia corporal que ayuda a tomar conciencia de lo que nos está pasando (coraza muscular y centros de energía).

Si nos ayudamos de la respiración profunda será más fácil saber que está pasando en nuestro interior.

También es importante concretar; muchas veces para evitar la emoción, hablamos y hablamos sobre … y nos perdemos. Si nos referimos directamente a las cosas que nos están sucediendo y que nos afectan el impacto emocional será mucho mayor que si divagamos o utilizamos un lenguaje evitativo.

Un mecanismo muy utilizado para escapar de la tristeza y otras emociones desagradables es el humor y la ironía. Esta actitud, que en su lado positivo sirve para poder afrontar situaciones dolorosas, a veces puede resultar excesivamente frívola, no escuchando nuestro dolor y haciendo, así mismo, que no sea escuchado por los demás. Desvalorizando nuestra herida y haciendo que los otros tampoco la valoren.

CONFIANZA / DESCONFIANZA

final invierno 05 (semana santa) 252

El deseo y la necesidad de tener personas en quien poden confiar es una prioridad en las relaciones sociales; ante la complejidad y, a menudo, hostilidad con que nos encontramos en la vida cotidiana, todos buscamos un refugio, un lugar lo más seguro posible donde poder descansar, un hogar en el cual sentirnos seguros.

En principio, en la cultura de la que formamos parte, ese hogar lo constituye la familia. La familia basada en lazos sanguíneos parece ser el lugar donde las personas buscamos, y a veces encontramos, un lugar seguro y de confianza; lo más parecido a una vuelta al útero materno donde sentirnos en tranquilidad y alejados de cualquier peligro.

Efectivamente, las niñas y los niños que tienen la suerte de crecer en una familia apoyadora, suelen desarrollar niveles de autoestima y seguridad en sí mismos más altos que aquellas que crecen en entornos hostiles.

enemigo2Aquí nos encontramos con que las personas que estamos fuera de la norma por nuestra orientación sexual crecemos en entornos familiares heterosexuales que de forma explícita e implícita son hostiles a la homosexualidad. Resulta pues, que el enemigo lo tenemos en nuestra propia casa.

En el transcurso de la infancia, nos vamos dando cuenta de que a nuestro entorno no le gusta mucho lo que somos (o por lo menos una parte fundamental de lo que somos); con lo cual, ese espacio, que debería aportarnos seguridad, se convierte en un espacio del cual también nos tenemos que cuidar. Esto no facilita que confiemos en el mundo, aunque lo intentamos.

(Quiero dejar claro que no olvidamos que hay más personas que sufren aparte de nosotros y que pueden sentirse reflejadas en lo que aquí se comenta. De hecho nos encantaría que los temas que aquí tratamos pudiesen ser de ayuda para otros. Pero, insistimos, aunque entendemos y compartimos el sufrimiento de todos las personas, aquí nos centramos en el nuestro; en el sufrimiento de las personas que somos víctimas de la estricta división en dos sexos-géneros de la humanidad y que ha sido ignorado históricamente.

 Es obvio también, que las personas homosexuales e intersexuales no estamos todo el día sufriendo ni sufrimos por igual, pero queremos recordar que éste es un espacio terapeútico y como tal centra su mirada en aquellos temas que pueden estar causando dolor a una persona concreta).

Intentamos confiar porque es una necesidad básica; todo el mundo quiere a su lado alguien con quien no tenga que guardar las apariencias, con quien poderse mostrar en su totalidad, con sus virtudes y sus miserias; en fin, alguien en quien apoyarse y descansar.

Cómo ya hemos comentado, no todo el mundo tiene la suerte de la protagonista de la película XXY, dirigida por Lucía Puenzo, de contar con una familia que le apoya en su proceso de crecimiento y búsqueda de identidad. De tal modo, que buscamos ese apoyo en otros espacios donde poder encontrarnos y entendernos (insisto en la importancia de lugares de referencia positiva para la juventud LGTB).

Esta necesidad de crear un nido lo más seguro y amable posible, se suele concretar en la búsqueda de pareja. Se puede decir que en la pareja se proyecta ese el anhelo de encontrar un lugar de reposo, un sitio donde dejarnos caer sin tener que llevar las defensas preparadas.

A la vez que existe un gran deseo de encontrar alguien en quien apoyarse, hay mucho miedo interiorizado como para poder confiar; hay mucho miedo a que cuando me apoye, ese pilar se retire y me caiga.

Este conflicto entre querer confiar y no poder confiar está muy presente en las personas que, como la mayoría de los gais, han sufrido abusos y agresiones en su entorno próximo.

Es preciso tomar conciencia de esta necesidad para no actuar de forma imprudente. El darse cuenta de la dificultad y el deseo de confiar hará que nos enfrentemos a las relaciones con ilusión y mesura; no cerrándonos en ninguno de los extremos, sino transitando de uno a otro pausadamente. No negando nuestra confianza pero tampoco darla toda de golpe.

El no ser consciente de esta necesidad hace que, a veces, nos echemos de forma desesperada en los brazos del primero que nos presta atención. Si resulta que éste no era tan de confianza como se esperaba o imaginábamos, el batacazo que se da el marica confiado es tan grande, que esto hace que la defensa se vuelva aún más rígida y por tanto la desconfianza que se genera es aún mayor.

Por eso, el equilibrio estaría en abrir los brazos hacia el otro, pero sin perder el apoyo en mis propias piernas.

LIGAR

PAREJA 2

Lo primero que debemos tener en cuenta al tratar este tema es cómo suele ser el proceso de aprendizaje de la mayoría de las personas homosexuales e intersexuales durante la adolescencia.

Obviamente, el sentirse fuera de la norma, el que no haya lugar para expresar nuestra orientación ni deseo, hace que resulte complicado, y a veces imposible, experimentar de una forma natural durante esta etapa.

Las personas que se mueven dentro de la heteronormalidad viven la adolescencia como una etapa de experimentación y aprendizaje en lo relacionado con la sexualidad (conocimiento del propio cuerpo, relación con las personas del sexo contrario, compartir experiencia con los del mismo,…), poniendo en práctica rituales de cortejo y apareamiento que les sitúan dentro de la norma social.

Reconociendo que, en general, la adolescencia puede ser una etapa de dificultad para todas las personas, parece obvio que para nosotros y nosotras esta dificultad se eleva al cubo, por lo menos.

Aunque actualmente, gracias a la mayor apertura y posibilidad de comunicación que suponen las redes sociales, las personas pueden compartir sus circunstancias personales; lo cierto es que el entorno más próximo, de gran importancia referencial para la adolescencia, sigue siendo bastante hostil a las tendencias sexuales disidentes.

La adolescencia LGT suele trascurrir manteniendo en soledad nuestra condición y nuestro deseo; culpándonos y negándonos, una vez más, el derecho a disfrutar del contacto físico.

La falta de normalidad con que vivimos la homosexualidad hace que muchas veces las primeras relaciones no se vivan de forma relajada y normalizada, no se hable de ello con el grupo de iguales, se sienta culpa y sentimiento de exclusión.

En fin, la adolescencia de las personas que nos situamos en estadios sexuales no convencionales conlleva unas dificultades extras, o por lo menos diferentes, a la de las personas que están dentro de la norma.

Esta clandestinidad a la hora de abordar todo lo relacionado con la sexualidad y las relaciones hace que el modelo normalizado no sea un referente para nosotros y nosotras. Necesitamos otros tiempos para asumir nuestra identidad, para buscar nuestros espacios donde relacionarnos, para transitar y probar diferentes formas de relación fuera de la norma,…

Como históricamente lo que se ha pretendido es apagar nuestra identidad, nadie ha hecho nada por crear espacios para que la juventud sexualmente disidente pueda desarrollarse. La inexistencia de estructuras de aprendizaje hace que vayamos experimentando cómo y dónde podemos, generalmente con poco apoyo y sin referencias.

Así, que del mismo modo que esa sociedad que nos reprime, descalifica nuestros espacios de relación, nosotros introyectamos sus valores y también los descalificamos.

Por eso creo que es preciso legitimar y valorar en su justa medida las formas de contacto a las que como minoría hemos sido relegados tradicionalmente. Bares, cuartos oscuros, cines porno, saunas, páginas de contactos, parques, baños públicos…, han sido, durante mucho tiempo, los únicos espacios a los que hemos tenido acceso.

Hemos de tener en cuenta que la elección de espacios de relación en los márgenes no ha sido nuestra, es lo que quedaba libre, y que somos las personas, con nuestra actitud, quienes hacemos dignos o indignos los espacios. Y me parece especialmente necesario remarcar esto para que no olvidemos que las personas con las que nos relacionamos en estos espacios son tan dignas como nosotras cuando acudimos a ellos.