Terapia individual

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Entiendo la psicoterapia individual como un ejercicio de toma de conciencia mediante el cual la persona aprende a ponerse en contacto consigo misma para así tener un mayor y mejor conocimiento de cuáles son sus necesidades y de cómo las satisface.

Es un proceso de descubrimiento y aprendizaje personal que facilita la aceptación y recuperación de partes de uno que se han ido negando y abandonando a lo largo de la vida. Es un camino hacia la coherencia, para vivir en armonía entre el sentir, pensar y hacer.

La psicoterapia individual se lleva a cabo con un terapeuta, generalmente una vez por semana, con una duración de 50 minutos. Se trabaja con la experiencia del propio paciente, con lo que acontece en su vida en ese momento. El terapeuta va a devolver al paciente aquello que no ve, apoyando las conductas saludables y confrontándole con aquellas manipuladoras y falsas.

ARTÍCULOS

/ ESTRES DE LAS MINORIAS / HOMOFOBIA INTERNALIZADA / AUTOESTIMA / ANSIEDAD/ CONFIANZA-DESCONFIANZA / CULPA / MIEDO / PONER LIMITES / SENSIBILIDAD / VICTIMISMO / DEPRESION

CULPA

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Se siente culpa cuando se cree que no está haciendo lo correcto. De alguna manera, la culpa es el recurso utilizado por la sociedad para que sus miembros se autocontrolen y cumplan las normas establecidas; es la gran aliada de los diferentes agentes educativos para que los niños y las niñas hagan lo que deben.

 Cuando una persona homosexual o transexual se va dando cuenta de que su forma de ser no cumple los mandatos sociales básicos establecidos, puede desarrollar culpa de ser.

Un malestar consigo mismo que va más allá de hacer alguna acción incorrecta, sino que toda la persona es incorrecta, ya que el error no está en lo que se hace, sino en lo que se es. Sigue leyendo

YO NO NACI PARA AMAR

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Como dice la canción de Juan Gabriel, hay personas que crecen sintiendo que el tema de la pareja no está hecho para ellas; alguien que se ve fuera del sistema de relaciones habitual (chica-chico se buscan) interioriza la idea de que el tema del amor y la pareja no le va a tocar.

 Algo que en la mayoría de los heterosexuales se vive como normal, como parte del proceso de desarrollo vital (tendré pareja y formaré una familia), entre las personas que forman parte del colectivo LGTB aparece muchas veces como algo imposible; de modo que cuando nos damos el permiso a vislumbrar que eso puede ser real también para nosotros nos parece increíble.

 Durante mucho tiempo la opción de un amor romántico ha sido invisibilizada, no teniendo acceso a modelos de referencia.

Si nos fijamos en el cine,  que es un instrumento de gran alcance en nuestra época para transmitir valores y modelos de comportamiento, vemos que hasta hace bien poco todas las personas homosexuales que aparecían (más hombres que mujeres, y sin espacio para la transexualidad) acababan bastante mal, fomentando la idea de que la homosexualidad solo puede llevar al sufrimiento, la maldad y la locura.

 Por eso creo que es fundamental que desde todos los medios posibles se transmitan modelo de relación y de vida positivos para nuestros adolescentes. Es de agradecer que se hagan bonitas y románticas películas de amor que animen y den alegría y esperanza de una vida feliz para las nuevas generaciones.

 Muchas veces, cuando después de grandes esfuerzos decidimos compartir lo obvio con la familia  (primero se hacen los locos, luego lo “aceptan“, más bien se lo comen); suele darse una sutil tendencia a dirigirnos o condenarnos a la soltería.

 Si suele costar aceptar la “declaración” de homosexualidad, aún les cuesta más vernos como sujetos sexuales que mantienen relaciones con personas del mismo sexo; eso ya entra menos en sus cabezas y en general, apoyan bastante poco las posibilidades de tener parejas.

 Aunque a nivel formal es cierto que en poco tiempo las cosas han cambiado muchísimo, hay que tener en cuenta que hay formas sutiles de homofobia que siguen actuando y condicionando la vida de las personas LGT.

 Respecto al tema que estamos tratando es interesante observar la reacción, el espacio, la valoración, la aceptación, ante una pareja del mismo sexo,  si lo comparamos con el que se daría a una pareja del sexo opuesto (cenas, celebraciones familiares, visitas al hogar familiar, comentarios a amistades, etc., etc., y etc.). Obviamente, el esfuerzo que se hace por integrar esta persona en la familia no suele ser el mismo.

 De hecho, parece que el lugar más adaptativo que nuestra sociedad nos ha dejado es la Iglesia (lo cual choca con la actitud de ésta hacia la homosexualidad); es el refugio natural para hombres y mujeres que no van a optar por una vida en pareja heterosexual dedicada a procrear y a los que se quiere ver y/o convertir en asexuados.

 Desde la carencia, la necesidad y adoración por el amor romántico aumenta; como en todo, cuando alguien cree que no va a tener acceso a algo más lo idealiza y lo desea, … y más está dispuesto a dar.

 Así, cuando alguien cree imposible el amor (no cuenta el amor a la humanidad que nos ofrece la religión) y consigue acariciarlo, puede que se sienta tan agradecido por ese pedacito de felicidad que lo de todo;

 Aquí aparece un nuevo peligro, esta idealización del amor y el miedo a perder lo que parecía imposible d conseguir, puede hacer a la persona que ama muy vulnerable respecto a la persona o personas en las cuales deposita su amor.

 En el momento que pongo mi felicidad en manos de otra persona le doy un excesivo poder y puedo caer en una dependencia ciega que puede también llevar al sufrimiento.

 La idea es buscar relaciones afectivo-sexuales desde una posición de mayor seguridad en uno mismo, no tanto desde esa necesidad que hace a la persona dependiente.

No soy media naranja buscando otra media, soy una naranja entera que puedo sostenerme sola, y que prefiero estar con otra/s naranja/s.

 Si me siento más seguro, idealizo menos a los otros y los bajo del pedestal.

Aprender a quererme para querer desde la igualdad.

Aprender a estar solo para no caer en la dependencia absoluta.

HOMOFOBIA INTERNALIZADA

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“No hay marica buena”. Esta frase, que he escuchado en boca de un marica, dice mucho de la propia desvalorización y de la negatividad con que la que, a veces, tratamos  nuestra propia identidad.

 Se puede decir, que el discurso que socialmente se ha trasmitido sobre las personas que no se ajustan a los cánones normalizados en cuanto a sexo, género y orientación hace mella en nosotros. Como una gotita de agua que va cayendo sobre una piedra y que al final hace un agujero, así los pequeños y continuos mensajes cargados de negatividad nos convencen de que realmente tenemos una tara importante. Sigue leyendo

SENSIBILIDAD

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En algunas personas, suele aparecer un rechazo a la parte sensible, de la propia vulnerabilidad. Sobre todo en hombres que se niegan a reconocerse como gais.

Tradicionalmente, la sensibilidad se ha relacionado con debilidad. Todo lo que tiene que ver con el cuidado, la ternura, el afecto se asocia a lo femenino y, de forma inconsciente o consciente, se desvaloriza.

De forma que un hombre que quiere que prevalezca su masculinidad de cara al exterior, tratará de esconder toda esa parte. Procurando dar una imagen de dureza que haga que nadie “sospeche” de su homosexualidad; incluso en el caso de haber asumido la propia homosexualidad hay una infravaloración de esa parte, digamos, femenina, de tal forma que dentro del propio ambiente gai se discrimina a las personas que tienen más pluma. De alguna manera se discrimina al que se aleja más del estereotipo masculino.

Esto conlleva que se esté dando una hipermasculinización del ambiente gai que, obviamente, está escondiendo una parte importante de la realidad homosexual y que consiste en negar una parte importante del propio ser.

En el caso de las personas que se hayan quedado enganchadas a este rol, clavadas en un extremo de la polaridad masculino-femenino, habría que iniciar un proceso que ayude a asumir esta parte.

El trabajo terapeútico consiste en ampliar la gama de posibilidad de actuación, evitando que nos quedemos fijados en ninguno de los dos roles, debemos permitirnos transitar de un lado a otro en función de las circunstancias.

Así, el objetivo es poder conectar con los sentimientos y con la emoción; no negarnos ni esconder lo que sentimos, sino darle el espacio que reclama, escuchar lo que nos dice para poder darle la respuesta adecuada.

Por ejemplo si lo que necesito es cariño y desde la negación de esa realidad me tiro a buscar sexo, pues es como si tengo sed y como, al no ser consciente de lo que realmente necesito no me estoy cubriendo esa necesidad de la forma que más me conviene.

Una técnica que ayuda mucho para tomar contacto con los sentimientos es llevar la atención a las sensaciones físicas del cuerpo. Normalmente las emociones tienen una resonancia corporal que ayuda a tomar conciencia de lo que nos está pasando (coraza muscular y centros de energía).

Si nos ayudamos de la respiración profunda será más fácil saber que está pasando en nuestro interior.

También es importante concretar; muchas veces para evitar la emoción, hablamos y hablamos sobre … y nos perdemos. Si nos referimos directamente a las cosas que nos están sucediendo y que nos afectan el impacto emocional será mucho mayor que si divagamos o utilizamos un lenguaje evitativo.

Un mecanismo muy utilizado para escapar de la tristeza y otras emociones desagradables es el humor y la ironía. Esta actitud, que en su lado positivo sirve para poder afrontar situaciones dolorosas, a veces puede resultar excesivamente frívola, no escuchando nuestro dolor y haciendo, así mismo, que no sea escuchado por los demás. Desvalorizando nuestra herida y haciendo que los otros tampoco la valoren.

PENETRACION

1. Penetración. Filomeno Hernández

La penetración en las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no es una práctica necesaria en absoluto y, menos aún, debe ser obligatoria.

Lo que se pretende con este enunciado es que nos paremos a cuestionar el papel que tiene esta práctica en nuestras relaciones sexuales. Si cogemos como referencia el modelo de sexualidad patriarcal parece imprescindible que para que haya una relación sexual se debe dar el coito.

Desde una perspectiva estrictamente biologicista, el fin único de la sexualidad es la reproducción.

Esta óptica, que es la utilizada por todas las religiones patriarcales  y que, curiosamente, es la que considera el comportamiento sexual humano idéntico al del resto de las especies animales, no ve más allá del coito.

En el imaginario masculino heterosexual parece imprescindible que se meta algo en algún sitio. En las relaciones entre mujeres no se concibe que pueda haber relación si no se introduce un sustituto del falo y en las relaciones entre hombres uno debe ser el que la mete y otro el receptor.

Como ejemplo de esta visión, resulta curioso un capítulo recogido en el libro de Arturo Arnalte “Redada de violetas” sobre la represión sufrida por las personas homosexuales durante el franquismo. En un apartado se refleja el estupor de un estudioso de la homosexualidad de la época al ver cómo los homosexuales masculinos, segregados en cárceles diferentes según fuesen considerados pasivos o activos, transmutaban su condición para así poder fornicar.

Esta estupefacción tiene que ver con una visión coital de la relación sexual; no teniendo en cuenta tampoco, algo fundamental: Lo que define la orientación sexual es el sujeto de deseo, no la práctica concreta.

Si abandonamos este modelo y nos acercamos desde la mirada de la sexología moderna las cosas cambian.

Desde su punto de vista, la sexualidad abarca mucho más que el hecho reproductivo; es una parte de la personalidad y, como tal, tiene tres dimensiones que interactúan creando una unidad:
                                                   Dimensión bio-psico-social.

La sexología define tres aspectos desde los cuales abordar el hecho sexual: los aspectos reproductores, los aspectos placenteros y los aspectos de comunicación.

Las dimensiones psicológica y social están mediatizadas por la cultura y tiene como objeto el placer y la comunicación. Para el desarrollo de estas dos dimensiones, el coito no es, necesariamente, el mejor medio.

Para el desarrollo de la vertiente psicológica, que se refiere a descubrir que es aquello que nos proporciona satisfacción a nivel sensorial, habría un amplio espectro de medios relacionados con el mundo de las sensaciones, emociones, fantasías,…

Para la comunicación, lo preciso es que exista un código común entre las personas que se están relacionando que permita el entendimiento y el intercambio.

Desde este planteamiento, la penetración no es imprescindible en las relaciones sexuales que no tiene como fin la reproducción. Muchas veces supone, únicamente, repetir el esquema heterosexual patriarcal biologicista.

CONFIANZA / DESCONFIANZA

final invierno 05 (semana santa) 252

El deseo y la necesidad de tener personas en quien poden confiar es una prioridad en las relaciones sociales; ante la complejidad y, a menudo, hostilidad con que nos encontramos en la vida cotidiana, todos buscamos un refugio, un lugar lo más seguro posible donde poder descansar, un hogar en el cual sentirnos seguros.

En principio, en la cultura de la que formamos parte, ese hogar lo constituye la familia. La familia basada en lazos sanguíneos parece ser el lugar donde las personas buscamos, y a veces encontramos, un lugar seguro y de confianza; lo más parecido a una vuelta al útero materno donde sentirnos en tranquilidad y alejados de cualquier peligro.

Efectivamente, las niñas y los niños que tienen la suerte de crecer en una familia apoyadora, suelen desarrollar niveles de autoestima y seguridad en sí mismos más altos que aquellas que crecen en entornos hostiles.

enemigo2Aquí nos encontramos con que las personas que estamos fuera de la norma por nuestra orientación sexual crecemos en entornos familiares heterosexuales que de forma explícita e implícita son hostiles a la homosexualidad. Resulta pues, que el enemigo lo tenemos en nuestra propia casa.

En el transcurso de la infancia, nos vamos dando cuenta de que a nuestro entorno no le gusta mucho lo que somos (o por lo menos una parte fundamental de lo que somos); con lo cual, ese espacio, que debería aportarnos seguridad, se convierte en un espacio del cual también nos tenemos que cuidar. Esto no facilita que confiemos en el mundo, aunque lo intentamos.

(Quiero dejar claro que no olvidamos que hay más personas que sufren aparte de nosotros y que pueden sentirse reflejadas en lo que aquí se comenta. De hecho nos encantaría que los temas que aquí tratamos pudiesen ser de ayuda para otros. Pero, insistimos, aunque entendemos y compartimos el sufrimiento de todos las personas, aquí nos centramos en el nuestro; en el sufrimiento de las personas que somos víctimas de la estricta división en dos sexos-géneros de la humanidad y que ha sido ignorado históricamente.

 Es obvio también, que las personas homosexuales e intersexuales no estamos todo el día sufriendo ni sufrimos por igual, pero queremos recordar que éste es un espacio terapeútico y como tal centra su mirada en aquellos temas que pueden estar causando dolor a una persona concreta).

Intentamos confiar porque es una necesidad básica; todo el mundo quiere a su lado alguien con quien no tenga que guardar las apariencias, con quien poderse mostrar en su totalidad, con sus virtudes y sus miserias; en fin, alguien en quien apoyarse y descansar.

Cómo ya hemos comentado, no todo el mundo tiene la suerte de la protagonista de la película XXY, dirigida por Lucía Puenzo, de contar con una familia que le apoya en su proceso de crecimiento y búsqueda de identidad. De tal modo, que buscamos ese apoyo en otros espacios donde poder encontrarnos y entendernos (insisto en la importancia de lugares de referencia positiva para la juventud LGTB).

Esta necesidad de crear un nido lo más seguro y amable posible, se suele concretar en la búsqueda de pareja. Se puede decir que en la pareja se proyecta ese el anhelo de encontrar un lugar de reposo, un sitio donde dejarnos caer sin tener que llevar las defensas preparadas.

A la vez que existe un gran deseo de encontrar alguien en quien apoyarse, hay mucho miedo interiorizado como para poder confiar; hay mucho miedo a que cuando me apoye, ese pilar se retire y me caiga.

Este conflicto entre querer confiar y no poder confiar está muy presente en las personas que, como la mayoría de los gais, han sufrido abusos y agresiones en su entorno próximo.

Es preciso tomar conciencia de esta necesidad para no actuar de forma imprudente. El darse cuenta de la dificultad y el deseo de confiar hará que nos enfrentemos a las relaciones con ilusión y mesura; no cerrándonos en ninguno de los extremos, sino transitando de uno a otro pausadamente. No negando nuestra confianza pero tampoco darla toda de golpe.

El no ser consciente de esta necesidad hace que, a veces, nos echemos de forma desesperada en los brazos del primero que nos presta atención. Si resulta que éste no era tan de confianza como se esperaba o imaginábamos, el batacazo que se da el marica confiado es tan grande, que esto hace que la defensa se vuelva aún más rígida y por tanto la desconfianza que se genera es aún mayor.

Por eso, el equilibrio estaría en abrir los brazos hacia el otro, pero sin perder el apoyo en mis propias piernas.

LIGAR

PAREJA 2

Lo primero que debemos tener en cuenta al tratar este tema es cómo suele ser el proceso de aprendizaje de la mayoría de las personas homosexuales e intersexuales durante la adolescencia.

Obviamente, el sentirse fuera de la norma, el que no haya lugar para expresar nuestra orientación ni deseo, hace que resulte complicado, y a veces imposible, experimentar de una forma natural durante esta etapa.

Las personas que se mueven dentro de la heteronormalidad viven la adolescencia como una etapa de experimentación y aprendizaje en lo relacionado con la sexualidad (conocimiento del propio cuerpo, relación con las personas del sexo contrario, compartir experiencia con los del mismo,…), poniendo en práctica rituales de cortejo y apareamiento que les sitúan dentro de la norma social.

Reconociendo que, en general, la adolescencia puede ser una etapa de dificultad para todas las personas, parece obvio que para nosotros y nosotras esta dificultad se eleva al cubo, por lo menos.

Aunque actualmente, gracias a la mayor apertura y posibilidad de comunicación que suponen las redes sociales, las personas pueden compartir sus circunstancias personales; lo cierto es que el entorno más próximo, de gran importancia referencial para la adolescencia, sigue siendo bastante hostil a las tendencias sexuales disidentes.

La adolescencia LGT suele trascurrir manteniendo en soledad nuestra condición y nuestro deseo; culpándonos y negándonos, una vez más, el derecho a disfrutar del contacto físico.

La falta de normalidad con que vivimos la homosexualidad hace que muchas veces las primeras relaciones no se vivan de forma relajada y normalizada, no se hable de ello con el grupo de iguales, se sienta culpa y sentimiento de exclusión.

En fin, la adolescencia de las personas que nos situamos en estadios sexuales no convencionales conlleva unas dificultades extras, o por lo menos diferentes, a la de las personas que están dentro de la norma.

Esta clandestinidad a la hora de abordar todo lo relacionado con la sexualidad y las relaciones hace que el modelo normalizado no sea un referente para nosotros y nosotras. Necesitamos otros tiempos para asumir nuestra identidad, para buscar nuestros espacios donde relacionarnos, para transitar y probar diferentes formas de relación fuera de la norma,…

Como históricamente lo que se ha pretendido es apagar nuestra identidad, nadie ha hecho nada por crear espacios para que la juventud sexualmente disidente pueda desarrollarse. La inexistencia de estructuras de aprendizaje hace que vayamos experimentando cómo y dónde podemos, generalmente con poco apoyo y sin referencias.

Así, que del mismo modo que esa sociedad que nos reprime, descalifica nuestros espacios de relación, nosotros introyectamos sus valores y también los descalificamos.

Por eso creo que es preciso legitimar y valorar en su justa medida las formas de contacto a las que como minoría hemos sido relegados tradicionalmente. Bares, cuartos oscuros, cines porno, saunas, páginas de contactos, parques, baños públicos…, han sido, durante mucho tiempo, los únicos espacios a los que hemos tenido acceso.

Hemos de tener en cuenta que la elección de espacios de relación en los márgenes no ha sido nuestra, es lo que quedaba libre, y que somos las personas, con nuestra actitud, quienes hacemos dignos o indignos los espacios. Y me parece especialmente necesario remarcar esto para que no olvidemos que las personas con las que nos relacionamos en estos espacios son tan dignas como nosotras cuando acudimos a ellos.

PONER LIMITES

INVIERNO 09-10 (7º) Lisboa 063

En algunas personas la base del conflicto en las relaciones con los demás reside en la dificultad de poner límites, en no saber o no atreverse a defender el propio espacio, en no saber decir no.

El origen de esta dificultad puede residir en el sentimiento de inferioridad, en el temor a ser rechazado o abandonada si pongo algún tipo de traba a lo que se me demanda, en el miedo a ser agredido verbal o físicamente si defiendo mis derechos.

No debemos olvidar que las personas que nos movemos en estadios sexuales no acordes con la norma binaria heterosexual hemos sido y somos potencialmente agredibles.

Poder definir a alguien como marica da al sujeto que emite esa palabra un poder enorme de hacer daño.

Así que, tanto como personas individuales como a nivel grupal hemos interiorizado ese temor a ser agredidos por cualquier patán, que por el mero hecho de tener deseo hacia el otro sexo se siente superior.

El tener interiorizado ese sentimiento de inferioridad nos hace muy vulnerables a cualquier agresión y esto provoca ir por la vida evitando cualquier tipo de conflicto, renunciando a los propios derechos por el miedo a las hipotéticas represalias que se pueden producir.

En esta dificultad de defender el propio espacio es preciso señalar lo que nos cuesta utilizar estrategias agresivas, típicamente masculinas; parece que en el proceso de asunción de la homosexualidad se dejan atrás una serie de recursos defensivos que podrían sernos de gran utilidad.

poner limitesParte del proceso terapéutico de empoderamiento consistiría en investigar en nosotros mismos la posibilidad de usar esos recursos que tienen que ver con el uso de la agresividad; ver si somos capaces de hacerlo (probablemente si), si nos resultan extraños en nosotros, si debido a introyectos relacionados con lo que es un marica nos vemos ridículos, si nos provoca culpa,…

Consistiría en investigar sobre los recursos estereotipadamente masculinos: la agresividad, el grito, sacar pecho, levantar la cabeza, pisar fuerte, empujar, usar tacos, seriedad en el rostro,…

Darnos permiso a pelear por lo nuestro, en lugar de ir siempre pidiendo disculpas por ser como somos, hace que nos sintamos más fuertes y vayamos adquiriendo un mayor autoapoyo.

El ser menos dependientes de la valoración externa nos hace más autónomos a la hora de decidir sobre lo que queremos y lo que no queremos.

Se impone una terapia de resistencia, se acabó pedir comprensión; exigimos nuestro espacio, luchamos activamente por nuestro poder (con periodos de descanso).

EXILIO Y DESARRAIGO

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El éxodo de nuestra comunidad a las grandes ciudades se basa en la búsqueda de espacios en los cuales no sentirse excluidos, donde poder vivir con un mínimo de libertad.

Considero que es fundamental para un desarrollo equilibrado estar en contacto con personas con las cuales poder compartir lo que uno es, lo que siente, sus necesidades y deseos,… Las minorías sexuales encontramos esos espacios en las grandes núcleos donde se han constituido comunidades fuertes que dan identidad a sus miembros y se constituyen en referencia para personas que viven alejadas de estos centros (que algunos descalifican como guetos).

Este exilio, unas veces elegido, pero casi siempre bastante inducido por las circunstancias, provoca cierto desgarro (sobre todo cuando el exilio es, además, intercontinental, económico, político, con amenazas de prisión o muerte,…).

Esta búsqueda de libertad suele llevar aparejada soledad. La búsqueda de nuevos referentes supone, en ocasiones, transitar por zonas desconocidas en las que nos buscamos sin tener muy claro a donde vamos a llegar; supone traspasar por un vacío ansiógeno, ya que vamos abandonando el pasado en búsqueda de un futuro incierto.

Esto que viene de antes, son las raíces, la familia, elementos de gran relevancia a la hora de conformar la personalidad y dar una identidad y cuya carencia provoca, en ocasiones, sentimientos de profundo desarraigo.

Ante esta circunstancia de desamparo social, es preciso crear espacios alternativos, donde se creen vínculos que de alguna manera signifiquen relaciones estrechas e íntimas (muchas veces sustituyen a la familia de origen), una nueva familia basada en lazos de amistad con la gente que aparece en la nueva vida.

El sentimiento de exclusión que se puede sentir ante el núcleo de origen hace que la búsqueda de pertenencia sea algo que dirija las relaciones. Nos quedamos huérfanos y sin identidad y es preciso crear alternativas que proporciones apoyo y seguridad. Es preciso crear raíces para poder crecer.

En muchas ocasiones, este exilio es favorecido también por el entorno próximo (la familia) que no suele saber, o no quiere saber, como gestionar nuestra pública exposición (una vez más, el conflicto surge cuando queremos hacernos explícitamente visibles).

De hecho, es bastante habitual que haya una desconexión entre la nueva vida que se desarrolla al llegar al nuevo espacio elegido para vivir en coherencia con uno mismo y aquello que viene de antes. Con lo cual, la ruptura, o por lo menos el distanciamiento, entre la nueva forma de vida y el entorno  de origen se hace inevitable e los primeros momentos.

Desde mi punto de vista, es el trabajo personal desarrollado dentro de un contexto de referencia positivo (construido a través de la lucha personal, social y política) lo que puede permitir reencontrarse con los orígenes en términos de igualdad.