ANSIEDAD

En principio, la ansiedad es una emoción adaptativa, puesto que nos pone en alerta ante un posible peligro y de este modo podemos defendernos de él. Por ello, la ausencia total de ansiedad es un grave problema, puesto que no estaríamos preparados para defendernos ante las situaciones de riesgo.

Los problemas en relación a la ansiedad comienzan cuando es muy elevada y desproporcionada en relación al riesgo real o surge sin que exista un peligro externo que genere ese miedo (riesgo interno y subjetivo).

Experimentar ansiedad de manera elevada y constante puede provocar un bloqueo en el rendimiento o una pérdida de control sobre nuestra conducta normal, ocasionando diferentes cuadros clínicos: ataques de pánico, ansiedad generalizada, diferentes tipos de fobia, trastorno obsesivo compulsivo, estrés o sexo compulsivo.

 

SÍNTOMAS

La sintomatología que aparece en la persona que sufre ansiedad es muy diversa, puesto que pueden aparecer problemas a nivel, físico, psicológico y social.

Síntomas físicos: taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, malestar estomacal (ardor, sensación de nudo), tensión muscular, cansancio, hormigueo, mareo, estado de hipervigilancia, trastorno del sueño y de la alimentación, etc.

Síntomas psicológicos: inquietud, miedo, sensación de peligro, inseguridad, sensación de estar fuera de control, baja autoestima, dificultad para concentrarse y fijar la atención, pensamientos negativos y catastrofistas, etc.

Problemas relacionales: irritabilidad en el trato con otras personas, aislamiento, bloqueo ante el contacto o conductas inadecuadas por nerviosismo; dificultad para mantener una conversación, para expresar las emociones o las propias opiniones; timidez y retraimiento, miedo a tener conflictos o enojar a la otra persona, etc.

 

CONCEPTOS RELACIONADOS

Ansiedad generalizada: se caracteriza porque la persona sufre de angustia general y a veces permanente. Las personas que padecen de ansiedad generalizada experimentan miedos y preocupaciones persistentes no específicos.

Ataque de pánico: es un tipo de ansiedad que cursa como una crisis aguda con intensa sintomatología y que suele asociarse a la vivencia de pérdida de control e incluso de muerte inminente.

Miedo: respuesta emocional a un peligro concreto frente a la ansiedad como un sentimiento de incomodidad más continuo y permanente.

Estrés: se produce cuando una persona percibe que ha de hacer frente a demandas ambientales que sobrepasan su capacidad de respuestas.

Paranoia: supone la creencia de que el mundo está en contra suya y una actitud en guardia continua. La persona está enfadada con el mundo y ve siempre malas intenciones, con lo cual se establece un círculo vicioso de desconfianza y rabia.

Obsesión: es un plano superior a la ansiedad. La persona obsesiva busca la perfección (su idea de perfección) de manera enfermiza; necesita tener todo controlado, este control es lo que le permite sentirse segura y evita que se desmorone. Los pensamientos obsesivos y las conductas compulsivas le proporcionan una sensación de control.

Distorsión cognitiva: es una forma seriamente deformada de pensar que influye en lo que sentimos.
La obsesión y la paranoia tienen un punto de pensamiento alterado por la ansiedad.

Fobias: se caracterizan porque la persona sufre miedo y ansiedad irracional por algún estímulo o situación que, en principio, representa poco o ningún peligro real.

Agorafobia: se caracteriza por la angustia al encontrarse en lugares abiertos o en situaciones donde la persona piensa y siente que salir de allí puede resultar difícil.

 

ACOSO Y ANSIEDAD

En lo que respecta a las personas que han sufrido algún tipo de acoso, que han vivido con un miedo continuo a sufrirlo o que han sentido el peligro de ser descubiertas y atacadas, casi que lo normal y adaptativo es aprender a estar alerta ante posibles enemigos.

En base a este razonamiento es entendible que el estado de angustia, miedo y ansiedad sea algo habitual en las personas que han transitado lo que significa pertenecer a una minoría afectivo-sexual en nuestra sociedad. Así, se normaliza vivir en un estado de ansiedad generalizada, de forma que ni siquiera existe la conciencia del problema. En la construcción de la personalidad se va asumiendo la angustia y el miedo de poder ser atacadas impunemente como algo que va en el paquete de ser lesbiana, marica o trans.

Hemos de tener en cuenta que en muchas de las personas LGTBI+ existe un miedo muy nuclear a perder el apoyo del entorno (recordemos que el temor a no ser querida por las figuras de referencia que siente la persona no vista y aceptada en algo tan esencial respecto a la propia identidad hace crecer con un apego inseguro que provoca una angustia constante). Esta angustia constante se pega a piel y se convierte en algo que forma parte de la persona, muchas veces sin conciencia de que es algo de los que se puede y se debe desprenderse.

Como indicaba en el artículo titulado “estrés de las minorías”, el rechazo y la presión sufrida en la infancia y adolescencia por las personas que se salen de las normas sociales clásicas respecto al sexo y el género provoca un cuadro conocido como estrés postraumático.

La ansiedad es el síntoma más característico en el estrés postraumático (TEPT); el cual puede ir asociado a otros trastornos relacionados con la ansiedad, como son: fobias, trastorno obsesivo-compulsivo, paranoia, trastorno de pánico, agorafobia, vulnerabilidad a las drogas, distorsiones cognitivas, indefensión aprendida, problemas de asertividad.

 

SENTIR, PENSAR, HACER

Desde la psicoterapia gestalt, La actuación humana consciente y consecuente se plantea como un equilibrio entre sentir, pensar y hacer. La ansiedad se entiende como un mecanismo de contención que paraliza a la persona en un doble sentido; por un lado, impide conectar con las emociones y, por otro, pasar a la acción.

La paralización se produce a nivel mental, mediante las actividades relacionadas con el pensar, adivinar, imaginar, planificar, recordar el pasado o predecir el futuro. Es en esta zona donde se alojan las expectativas catastróficas, los complejos que distorsionan la visión del mundo, ideas acerca de las cosas, creencias, los miedos,…
Ya que la ansiedad supone una paralización a través de la actividad mental, intentaremos que ésta deje de actuar de forma tan severa mediante técnicas de parada de pensamiento; así habrá más espacio para desarrollar las áreas de sentir y actuar.

SENTIR: atender al sentir, consiste en escuchar nuestras necesidades y deseos. Estas respuestas las encontramos en la parte de nuestro cerebro más emocional; son respuestas a las que no se accede desde el pensamiento (pensar lo que deseo solo crea confusión, el deseo se siente), consiste en relajarse y escucharnos sin censura.

Para ayudar a darnos cuenta de estas emociones, necesidades y deseos contamos con la ayuda del cuerpo físico. Atender a las sensaciones corporales que acompañan a las emociones ayuda a identificar nuestras necesidades reales o deseos más íntimos ya que, a veces, resulta difícil acceder a ellos.

El concepto de coraza muscular que desarrollaré en el siguiente artículo se refiere a esta relación entre las tensiones físicas y el intento de controlar las emociones.

PENSAR: una vez hemos tomado conciencia de los que necesitamos o queremos, analizamos estos mensajes. De una manera racional los confrontamos con la realidad, indagamos sobre la posibilidad, las maneras y las estrategias para satisfacerlos de la mejor manera posible, buscando el equilibrio entre los deseos y la posibilidad de llevarlos a cabo.

ACTUAR: una vez que nuestra emoción y razón han llegado a un consenso pasamos a la acción, de otra manera el ciclo quedaría interrumpido, provocando ansiedad y angustia. Actuamos desde la decisión tomada con responsabilidad y asumiendo conscientemente sus consecuencias.

 

TRATAMIENTO DE LA ANSIEDAD

Si entendemos la ansiedad como un mensajero que nos está avisando de que tenemos aspectos vitales que resolver, el objetivo será escuchar ese mensaje; tomar conciencia de lo que nuestro cuerpo nos está trasmitiendo a través de la ansiedad.

La ansiedad es el síntoma que nos dice que hay conflictos subyacentes sin resolver y que deberíamos poner atención en que nos está sucediendo para poder afrontarlo.

El miedo que supone enfrentarnos tanto a emociones como a situaciones que valoramos (de forma más o menos irracional) como peligrosas, hace que nos quedemos atascados en la zona de los pensamientos y las ideas.

El trabajo terapeútico tendría tres direcciones relacionadas con el sentir, el pensar y el hacer.
Por una parte ayudar a acceder al mundo emocional, por otra facilitar estrategias para frenar la actividad mental y por último, que la persona adquiera herramientas y recursos para pasar a la acción, para que se permita actuar y dejar fluir toda esa energía bloqueada.

Así, los objetivos que se pretende alcanzar con la intervención son:

  • Reconocer y gestionar nuestras emociones.
  • Conocer las sensaciones físicas que acompañan a nuestras emociones y que ayudan a identificarlas.
  • Aprender técnicas de respiración y relajación para acceder a las emociones y calmar la ansiedad.
  • Revisar y cambiar los pensamientos irracionales que estimulan la ansiedad.
  • Utilizar diferentes estrategias de parada y control de pensamiento.
  • Aprender a desconectar y a realizar cosas que nos ayudan a relajarnos.
  • Que la persona comprenda el origen de su ansiedad.
  • Tener valor para eliminar situaciones que generan estrés.
  • Aprender a manejar situaciones que debemos seguir afrontando.
  • Revisar sentimientos de culpa, miedo y vergüenza paralizantes.
  • Aumentar la autoestima y la autonomía personal.
  • Integrar en la vida el autocuidado y el disfrute.

La vertiente fisiológica de la ansiedad se refleja en la contención de la respiración mediante la tensión muscular. Mediante ejercicio físico, respiratorios y de relajación que ayudan a liberar tensiones musculares se puede apoyar que salgan las emociones (modelo de trabajo de Reich y Lowen).

Muchas veces, la persona acude a psicoterapia, o fisioterapia, cuando el dolor mental y físico que provoca tanta contención es mayor que el miedo a lo que pretende contener. También es cierto, que esos fantasmas que tanto nos han asustado, si nos atrevemos a volver a mirarlos suelen ser más pequeños de lo que recordábamos, aunque no lo parezca, durante nuestra vida vamos desarrollando recursos de los cuales no somos conscientes y que no teníamos cuando la ansiedad se instauró en nuestra vidas.

La coherencia entre sentir, pensar y hacer provoca serenidad y, por tanto, felicidad.

AUTOESTIMA

T 50

El concepto de autoestima se refiere a la valoración que la persona tiene hacia ella misma y está determinada por la imagen que se ha construido; se basa en la capacidad de quererse y apreciarse. Lo que piensa y siente sobre sí misma, el grado de satisfacción que tiene con su propio ser.

El concepto de sí mismo se va formando gradualmente a través del tiempo y de las experiencias vividas por el sujeto. La valoración que una persona tiene de sí está determinada por las opiniones, estima y valoración de las personas socialmente relevantes y su historia personal de éxitos y fracasos.

Cuando definimos el nivel de autoestima de una persona, analizamos diferentes dimensiones de ésta, ya que una persona puede tener una buena imagen de sí misma en un aspecto determinado y baja en otro. Todas las personas nos sentimos más seguras en unos aspectos de nuestro ser que en otros y si se equilibran, la imagen queda a salvo. El saber en qué aspectos una persona se siente más insegura sirve para focalizar la intervención.

DIMENSIONES DE LA AUTOESTIMA

Dimensión física: se refiere a la valoración del propio cuerpo desde el atractivo y la belleza.
Dimensión social: tiene que ver con sentir aceptación o rechazo por los iguales, sentirse parte del grupo, tomar la iniciativa en las relaciones, saber solucionar conflictos y en general relacionarse con otras personas del propio sexo u opuesto.
Dimensión afectiva: se refiere a la autopercepción de las características de personalidad, como conecta con sus emociones y regula sus impulsos, adecuándose a las relaciones sociales.
Dimensión académica: alude a la percepción de su capacidad para enfrentar con éxito las situaciones de aprendizaje, sentirse inteligente, creativo y constante.
Dimensión ética: tiene que ver con la imagen que tiene la persona sobre los valores y normas que rigen su vida; si estos no coinciden con los de su grupo de referencia es posible que tenga mala imagen sobre su moralidad y que le provoque vergüenza y culpa.

FORMAS DE EXPRESIÓN DE LA AUTOESTIMA POSITIVA

Actitud de confianza y seguridad. Capacidad de autocontrol. Autorregulación de los impulsos. Integración entre lo que siente, piensa y hace. Flexibilidad. Aceptación de los demás. Autonomía personal. Toma de iniciativa en el contacto social. Comunicación clara y directa. Actitud empática. Actitud de compromiso, optimista en relación con sus posibilidades. Se esfuerza y es constante. Cuando se equivoca es capaz de reconocerlo. Su actitud es creativa.

FORMAS DE EXPRESIÓN DE LA BAJA AUTOESTIMA

Actitud excesivamente quejumbrosa y crítica. Necesidad compulsiva de llamar la atención. Necesidad imperiosa de ganar. Actitud inhibida y poco sociable. Temor excesivo a equivocarse. Actitud insegura. Ánimo triste. Actitud perfeccionista. Actitud desafiante y agresiva. Actitud derrotista. Necesidad compulsiva de aprobación. Sentimiento de que los demás no le valoran. Fácilmente influenciable. Sentimiento de frustración e impotencia. Actitud defensiva.

APOYO-FRUSTRACIÓN

El concepto de autoestima está muy ligado al contexto social; en una sociedad tan narcisista como la nuestra, en la cual todos creemos poder alcanzar las metas que nos propongamos, es fácil que nos sintamos decepcionados al ver que no se cumplen las expectativas que tenemos para nosotros mismos. Así, si los parámetros de referencia son muy altos podemos sentir frustración al ver que no se cumplen.

La polaridad apoyo – frustración, representa el territorio en que debemos movernos para construir una autoestima ajustada.

Para comenzar, sería bueno no crear ni poner tantas expectativas en los niños y niñas para que no se decepcionen ni sientan que decepcionan a sus adultos.

Cuando el apoyo es extremo se produce una sobreprotección que impide desarrollar recursos para valerse por uno mismo (podemos construir una alta pero falsa autoestima que puede quedar desgarrada al enfrentarse a la realidad).

Así según el niño y la niña van creciendo es preciso dejarles que vayan desarrollando sus propios recursos, que se enfrenten a los límites y aprendan a tolerar la frustración; cuando los adultos establecen límites desde el cuidado y el amor se favorece la construcción una buena imagen de una misma asentada sobre la realidad.

SOCIALIZACIÓN DE MINORÍAS SEXUALES Y AUTOESTIMA

Si nos fijamos en cómo ha sido este apoyo en las personas homosexuales nos damos cuenta que normalmente es escaso en cuando a su orientación o identidad afectivo-sexual. Es verdad que la niña o el niño ha podido ser querido, atendida y valorado en varias dimensiones de su personalidad, pero no en lo referente a este aspecto fundamental de su identidad.

Gota a gota se va censurado y desvalorizando todo aquello que no cumple los mandatos de género que rigen nuestra cultura; el niño y la niña se da cuenta de que las cosas que hace y, lo que es más grave para su autoestima, lo que es, está mal.

Así, si un niño mariquita hace unos peinados preciosos a sus amiguitas no se le valorará como si lo hiciese una niña, más bien provocará tensión y vergüenza en su entorno y se intentará que dirija su habilidad hacia actividades de género más coherentes con su sexo; la terrible paradoja es que la personita vive sus capacidades con vergüenza y culpa.

amo a mi hijo gayUna vez más la primera intervención es socio política, revisar y cuestionar los valores en que se ha educado la persona, que es lo bueno y lo malo y porque cambia su validez según lo haga una persona u otra. Los mandatos del sistema heteropatriarcal consiguen que la persona que no se encuadre dentro del esquema no se acepte a sí misma, considerándose no válida, aceptando el lugar de exclusión e invisibilidad que el marco normativo le asigna.

Los espacios que ayudan a mejorar la imagen de una misma son aquellos en lo que encuentras amistad, confianza, aprecio, colaboración, creatividad, ayuda y compromiso. Es precioso rebelarse y afirmarse interna y/o externamente a lo establecido para poder sobrevivir con dignidad.
En el proceso de reforzar la autoestima, debemos revisar la propia imagen, muchas veces anclada en momentos de sufrimiento, de espacial aislamiento o rechazo por parte de los demás. Esa imagen precisa una revisión, tanto a nivel psicológico como físico.

Mirar la propia infancia y adolescencia desde la persona adulta con comprensión y compasión hacia mi; pensar en actividades en las cuales yo era bueno de niño, pero que como estaban mal vistas en los niños de mi sexo no las hacía; recordar esas cosas vergonzantes para poder recuperarlas, reforzarlas, reencontrarnos con habilidades abandonadas; en resumen recuperar y legitimar gustos y aficiones.

 

CARICIAS Y CONTACTO

Piel de gallina

Las caricias y el contacto físico son un fin en sí mismos. La caricia no tiene porqué ser el inicio de un camino; el disfrute de las sensaciones que provoca la hacen válida en sí misma.

El dedicar tiempo al contacto con otra persona ayuda a establecer lazos de mayor intimidad y a confiar. El disfrutar de la piel ayuda a disminuir el estrés y baja los niveles de ansiedad.

La piel, además de ser una barrera que nos protege del exterior, es un órgano social. Millones de terminaciones nerviosas repartidas por todo el cuerpo, nos informan mediante el tacto de lo que ocurre a nuestro alrededor, de las características de aquello que entra en contacto con nosotros y de cómo nos sentimos al relacionarnos físicamente con ese entorno (si nos estremece, si nos hace daños, nos da dentera, nos excita, nos irrita o nos da asco).

La caricia es una forma de comunicación primaria. El contacto físico, siempre que sea consentido y no invasivo, favorece el vínculo entre las personas.

El sistema nervioso se extiende por la piel mediante esa amplia red de receptores sensoriales que informan al cerebro sobre las sensaciones que le llegan mediante el tacto. Cuando la piel se siente agredida, el sistema nervioso se excita y pone a la persona en situación de alerta y a la defensiva. De forma similar, cuando la piel se siente tratada con cariño y cuidada consigue que la persona se relaje y confíe, influyendo en la disminución de la ansiedad.

Parece estar demostrado que las caricias, los masajes y el contacto físico en general (si es agradable y la persona confía) disminuyen la producción de cortisol, la hormona del estrés, lo cual parece favorecer el funcionamiento del sistema inmunológico. Incrementando también la producción de hormonas que favorecen el estado de bienestar como la oxitocina, dopamina y serotonina.

En principio, los leves roces en la piel resultan placenteros de forma generalizada. Esto puede dejar de ser así cuando pensamos sobre ese roce: si tiene connotaciones sexuales o en los compromisos que me puede acarrear ese contacto.

Así, si una persona tiene dificultad en poder confiar y disfrutar del contacto físico (y desea que esto cambie) tendrá que hacer un proceso de autoanálisis sobre qué factores pueden estar influyendo en esa actitud.

A continuación trataré algunos de estos factores que pueden estar actuando. Por una parte, hay que indagar sobre cómo se ha ido construyendo ese patrón de funcionamiento, para después ir introduciendo cambios en la conducta. Ir conociendo las propias limitaciones (miedo, vergüenza, culpa) para ir haciendo pequeños experimentos que ayuden a ampliar la gama de respuestas.

LA PERSONA ADULTA CARENCIADA

Como decía, la caricia es una forma de comunicación primaria; las experiencias que hayamos tenido respecto al contacto físico a lo largo de nuestra vida (especialmente en la infancia) va a determinar nuestra actitud en el futuro.

Desde la infancia, nos encontramos con que socialmente se van a ir restringiendo estas caricias. “No te toques” y “no toques a los demás” van a ser frases comunes.

Las niñas y los niños no entienden este discurso, pues es su impulso natural, pero se va interiorizando el mensaje y restringiendo esa búsqueda de contacto físico, a la vez que se va formando una idea del cuerpo como algo malo (o peligroso cuanto menos) y asumiendo que es inapropiado la expresión espontánea de lo que siente.

Y así se va creando el adulto carencial: culpa y vergüenza.

Incluso el impulso reprimido a tocar puede transformarse en un impulso a fastidiar en una búsqueda de ese contacto negado, sería la ”caricia negativa”; por ejemplo un hombre que no se permite mostrar ternura y afecto a través del contacto físico por considerarlo inadecuado desde su masculinidad puede buscar ese acercamiento a través de la pelea o el empujón.

Progresivamente, en la persona adulta el tocar va perdiendo toda naturalidad (igual pasa con la desnudez) y se convierte en una acción totalmente sexualizada (en el sentido de sexualidad como genitalidad). El tocar se entiende, solamente, como una invitación a tener relaciones sexuales de coito o como agresión.

Así, nuestra sociedad, sobre todo a través de la religión, ha decidido que lo mejor es restringir el contacto físico placentero, y centrarlo en el proceso reproductivo; de forma que todo el componente lúdico de la sexualidad y la sensualidad es denostado y desnaturalizado.

Es cierto que los límites del contacto es un tema complejo, que cada individuo debe indagar en sí mismo en el proceso de autoconocimiento. Exige a la persona estar conectada con sus deseos y necesidades y empatizar con los deseos y necesidades de las demás a la hora de establecer un acercamiento. Además de convivir con las formas y límites que cada sociedad considera adecuados.

Esta construcción sobre la forma de de vivir la estimulación corporal puede acarrearnos una serie de dificultades:

Una tiene que ver con el permiso que nos damos para darnos placer a nosotros mismos; más teniendo en cuenta que es necesario conocer el propio cuerpo para poder disfrutarlo y no esperar a que sea el otro quien me adivine y me de placer.

Por otra, resulta complicado disfrutar del contacto físico sin que éste se sexualice; la manera en que nos socializamos (o simplemente el hecho de que pensemos) determina de forma rígida que contacto se puede tener sin que empiece a tener una connotación sexual-coital.

Y finalmente, cuando hay una relación claramente sexual, ésta tiende a centrarse en los genitales y en la penetración, no observando otras maneras de placer.

CONTACTO FÍSICO Y GÉNERO

Creo que esta última dificultad indicada está muy marcada por la forma de vivir la sexualidad desde el género. Sea por razones biológicas, evolutivas o culturales, el acercamiento al contacto físico desde la masculinidad y desde la feminidad es bastante diferente.

En mi experiencia terapeútica con parejas heterosexuales es un clásico que el varón se queje de que hay poco sexo (entendido como penetración), mientras que la demanda de la mujer en este aspecto se refiere, en general, a que haya más comunicación y una relación que integre más a todo el cuerpo. La exigencia de las mujeres de su derecho al placer, hace necesaria cierta “feminización de la práctica sexual”.

Es preciso que el varón tenga en cuenta las necesidades de su pareja para que la relación sea gratificante para ambas partes (la relación ha de ser gratificante para ambas partes o no será). Por otra parte, en este proceso de aprendizaje ampliará su gama de recursos para dar y recibir placer.

Cómo no, esta mirada centrada en el coito influye en gran medida en las relaciones entre personas del mismo sexo. Las mujeres que tienen sexo con mujeres y los hombres que tienen sexo con hombres están condicionadas por este hecho admitido de forma generalizada de que es preciso meter algo en algún sitio para tener una buena relación sexual y que, además, esta conducta es invariable.

Una vez más tenemos que observar que esta división se basa en un modelo centrado en el placer del hombre heterosexual y una descalificación de lo femenino.

Pues esa es la cuestión, que además de meter y meterse órganos y objetos por las diferentes cavidades del cuerpo existen otras formas de darse y dar placer, que no es mejor (ni peor) penetrar a que te penetren, que no es preciso meterse nada para disfrutar sexualmente, que hay diferentes zonas erógenas en el cuerpo a explorar y estimular.

ASPECTO PRÁCTICOS PARA EXPLORAR EL CONTACTO

Para que el contacto con otra persona sea gratificante es importante empezar por conocer el propio cuerpo: no tener miedo a tocarse uno mismo, conocer cuáles son las partes más erógenas, más sensibles del propio cuerpo. Qué tipo de estimulación me es grata, con qué presión (más fuerte, más suave), además esto cambiará de unas zonas a otras y también dependerá del momento.

Al no ser la respuesta al contacto algo estable e invariable, requiere estar atento a los sentidos en el momento presente, estar en el disfrute y no interrumpirse con el pensamiento.

Esta indagación del propio cuerpo también se puede hacer directamente con otra persona, pero creo que es adecuado conocerse un poco antes de ir al encuentro con el otro, sobre todo para no dejar en sus manos la responsabilidad de mi propio disfrute.

En la relación con otra persona es preciso crear espacios agradables, íntimos, eróticos y disponer de tiempo para poder estar relajadas (en principio la situación puede provocar cierta ansiedad).

Enfrentarse a la vergüenza que puede suponer hablar de los propios deseos y evitar juicios hacia la otra parte. Preguntar, poder decir que es lo que me gusta y lo que no en voz alta y con detalles.

Dar y recibir, poder transitar por ambos lugares, atendiendo y también dejándose hacer. Darse derecho a recibir y explorar la confianza en la otra persona. Perder el miedo a mostrar la vulnerabilidad. Dejarse estar en el recibir, sin exigencia.

Disfrutar de cuidar, de atender a la otra persona y sentirse causante de su bienestar

Explorar todos los sentidos. Introducir masajes y caricias para explorar todo el cuerpo, propio y ajeno. Tocar y dejarse tocar sin prevención. Algo de técnica, como unos movimientos básicos de masaje sensitivo, siempre ayuda.

El sexo es importante, pero el amor, el cariño, el afecto,… es fundamental.

 

ESTRES DE LAS MINORIAS

Paisaje difuminado

El estrés de las minorías se refiere a la huella emocional derivada de las condiciones sociales adversas experimentadas por personas que pertenecen a un grupo social en riesgo de estigma. Al estrés de la vida cotidiana se le añade un extra como consecuencia de formar parte de una categoría minoritaria y estigmatizada. Se produce, sobre todo, en minorías que no crecen con sus iguales y que no sienten respaldo del círculo más cercano del cual se esperaría apoyo.

El estrés de la minorías sexuales nace en la infancia y tiene el agravante respecto a otras minorías estigmatizadas de no haber encontrado apoyo y consuelo en su propia familia.

Por ejemplo, si observamos un niño o niña que sufre acoso en su centro escolar por pertenecer a una etnia minoritaria, cuando llega a su casa es reconocida en su diversidad; mientras que, en muchos casos, la persona que no se ajusta a la heteronormatividad tiene que seguir ocultándose porque también es rechaza o invisibilizada en el círculo que se supone debía cuidarle y apoyarle, con lo cual la sensación de soledad y desamparo es total.

En cuanto a la exposición al ataque en las minorías sexuales podemos observar dos categorías clásicas: las personas cuya condición es obvia y no se esconden y aquellas que viven en la ocultación. Tanto las personas desacreditadas, como las que se sienten potencialmente desacreditables sufren consecuencias dañinas, aunque éstas sean diferentes. Unas sufren el ataque directo por su condición y las otras la ansiedad de la ocultación por el miedo a ser descubiertas.

La persona que ha sufrido acoso homofóbico (bullyng) en su infancia o adolescencia sufre sintomatología que se corresponde con el cuadro del trastorno por estrés postraumático.

Los síntomas típicos en las personas que sufren este trastorno son:

Recuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios e intrusivos de los sucesos traumáticos que también pueden suceder en forma de pesadillas.
Se dan reacciones intensas ante situaciones que se asemejan a las que causaron el sufrimiento, así como una evitación fóbica de ese tipo de situaciones, personas o escenarios similares.
Otra de las características de este trastorno son las alteraciones cognitivas y del estado de ánimo. Entre las primeras están las distorsiones cognitivas (catastrofización, magnificación) y, entre las segundas, encontramos problemas emocionales (depresión y trastornos de ansiedad).
En otros casos, se puede pasar a una espontaneidad desatada como respuesta contrafóbica a toda esta opresión e incertidumbre.

Cuerpo marcadoPor otro lado, el ocultamiento constante hace que la persona interiorice la opresión provocando el autorrechazo y una baja autoestima, conductas evitativas y aislamiento social por miedo a ser excluido.
También es común un estado de hipervigilancia, llegando a veces a la paranoia, que provoca altos niveles de ansiedad con su derivación en trastornos de alimentación, del sueño y psicosomáticos.

Se automatiza el estar alerta como mecanismo de defensa: preparado para ser atacado, al acecho de posibles agresores, atento a que no se escape una pluma que nos delate; esta continua contención puede provocar pérdida de espontaneidad y rigidez extrema.

Ante esta situación es fácil entender que muchas personas homosexuales y transexuales quedan muy heridas en este viaje. Para sanar estas heridas y no taparlas en falso es preciso un proceso de recuperación que lleve a la autoaceptación para poder enfrentarse a los factores externos.

Por otra parte, me parece pertinente destacar la capacidad de resiliencia de nuestro colectivo; como a pesar de vivir en situaciones tan adversas hemos podido mantenernos y hacernos fuertes.
Al ser el sufrimiento que acompaña a las minorías sexuales consecuencia de un entorno social y familiar adverso, considero que es totalmente preciso mantener un espíritu de comunidad que se preocupe de defender los derechos colectivos, que las que se sientan más fuertes apoyen a las más frágiles y los roles vayan moviéndose. Para lo cual también es preciso un trabajo personal de autoconocimiento y la existencia de espacios de reafirmación y empoderamiento, para poder conectar y dar espacio a nuestras necesidades y deseos.

 

Otras lecturas

T 23

En esta página recogeré textos que no encuentran total acomodo en los otros apartados. Probablemente sean contenidos que tengan un carácter más político y social que los relacionados directamente con la psicoterapia.

Desde mi parecer es difícil separar lo psicoterapeútico de lo social.

Las personas nos construimos en un contexto que influye enormemente en nuestra evolución y desarrollo; de hecho el estigma sufrido por las minorías sexuales se debe a criarnos en un sistema patriarcal que históricamente ha decidido excluirnos, patologizarnos y vernos como pecadoras.

Del mismo modo, también nosotras construimos la sociedad de la que formamos parte. La participación activa en mejorar nuestro entorno, el desarrollo de la empatía y el altruismo, nos hace mejores personas y, creo nos hace también más felices. Creo en el efecto terapeútico y adaptativo del amor.

ARTÍCULOS

/ PSICOTERAPIAS / PSICOTERAPIA GESTALT / EXILIO Y DESARRAIGO / EMOCIONES/ CORAZA MUSCULAR / CENTROS DE ENERGÍA / RESPIRACIÓN Y RELAJACIÓN

Terapia grupal

T 55 Louis Bourgeois

El abordaje de la psicoterapia en modelo grupal tiene su encuadre teórico dentro de la psicoterapia humanista y más concretamente de la psicología gestalt.

Creamos grupos pequeños que recojan los elementos positivos de la terapia individual y de los grupos de terapia clásicos; de forma que al estar formados por pocas personas (6 componentes) se puede trabajar los elementos relacionales que aparecen en la dinámica grupal sin desatender la individualidad de los participantes.

g7Así, se puede trabajar con la problemática de los diferentes miembros del grupo en la doble dirección. Por un lado se puede abordar situaciones individuales que crean conflicto y trabajarlas dentro del grupo, ya que estas situaciones tienen un eco en el resto de las personas movilizando a cada una diferentes emociones y escenas de su vida.
Por otro lado se trabajan también las dinámicas y movimientos que acontecen y que tienen que ver con las relaciones que se establecen entre los participantes.

En general, la psicoterapia individual suele profundizar más que la terapia grupal en la problemática individual de la persona, ya que el espacio lo ocupa ella sola. Por otro lado, la psicoterapia grupal se suele centrar más en lo relacional y resulta más adecuada para aquellas personas que tienen dificultades en sus relaciones sociales. El grupo facilita la identificación emocional con la problemática de los demás y consigue la apertura al propio mundo interno.

Dependiendo de la problemática y del momento terapeútico en que se encuentra la persona, se recomienda una o la otra, aunque es muy enriquecedor pasar por las dos experiencias.

Tanto la psicoterapia individual como la terapia grupal pretenden que la persona se haga responsable de su vida, fomentando procesos creativos a la hora de responder a las diferentes situaciones cambiantes de la vida. En definitiva, que consiga autoapoyo, es decir, que sea capaz de apoyarse en sus propias capacidades y recursos desde una conciencia de sí mismo.

La psicoterapia grupal suele tener una periodicidad quincenal durante 2 horas, y con un reducido número de miembros (6) con el objeto ya comentado de que la atención personal pueda asemejarse a la que ofrece la terapia individual, con el enriquecimiento que supone la aportación de los compañeros al proceso individual y la resonancia de lo que cuenta cada persona en los demás.

TEMAS RELACIONADOS

♥ GRUPO DE ADOLESCENTES

♥ GRUPO DE HOMBRES GAIS

♥ GRUPO DE MUJERES

NORMAS Y LÍMITES EN LA INFANCIA

T 34 minimalismo

Pegar, morder, empujar, arañar… son reacciones habituales en la primera infancia y no existe razón para alarmarse. En su conducta no hay mala intención ni violencia. Aunque esto no significa que deba pasarse por alto. Tienen que aprender –y cuanto antes, mejor- que semejantes acciones son inaceptables y no pueden hacer de ellas un hábito.

Para pararle los pies a un/a niñ@ que suele pegar o morder, primero hay que saber qué es lo que le induce a portarse así. Según cual sea la motivación, la estrategia cambia.

En el segundo año, l@s niñ@s están inmersos en la llamada edad de las rabietas, y esto significa que su estado de ánimo es muy voluble. En esta fase, l@s niñ@s se enojan y enfurecen enseguida cuando no consiguen lo que quieren, bien sea por culpa de otr@s o por sus propias limitaciones.
Como todavía tienen dificultades para comunicarse con fluidez, no es extraño que utilicen manos, uñas y dientes para manifestar su enfado a l@s demás.

No debemos reprimir sin más los sentimientos de ira o frustración. Lo que sí hay que hacer es censurar esa manera inadecuada de expresarlos, explicándoles que es natural que se sientan mal y que comprendemos su enfado, pero que no han de reaccionar pegando o mordiendo a otros.

Algunas agresiones se pueden prevenir fácilmente. Si notamos que el/la niñ@ está realmente enfadado o a punto de atacar, no esperemos a que se líe a golpes para actuar. Antes bien, tendríamos que intentar ayudarle para que se calme, quitando hierro al asunto y procurando distraerle con otra cosa.

L@s niñ@s de esta edad son egocéntric@s por naturaleza y disfrutan sintiéndose el eje de todas las miradas.

Si sospechamos que nuestr@ hij@ está buscando notoriedad con sus ataques, lo que habría que hacer es justo lo contrario a lo que él/ella espera: si vuelve a pegar, debemos procurar ignorarle y desviar todo el interés hacia el otr@ niñ@. Por el contrario, amenazándole o riñéndole a voces, vería cumplido su objetivo y nosotr@s estaríamos reforzando precisamente aquello que pretendemos evitar.

En ocasiones, puede que el/la niñ@ realmente se sienta desatendid@ y esa actitud llamativa sea una manera de pedir que la familia le dediquen más tiempo (esto puede ocurrir, por ejemplo, tras la llegada de un hermanit@). Lógicamente, siempre se ha de responder a esa demanda (jugar más a menudo con él/ella, reservarle a diario un tiempo en exclusiva; darle muchas muestras de cariño, etc.) pero no como respuesta a la agresión que acaba de cometer, sino en cualquier otro momento del día. El mensaje que tenemos que transmitirle es: no necesitas pegar para que te hagamos caso.

Aunque busca la compañía de otr@s niñ@s, aún no sabe jugar en común, ni compartir, ni ponerse en el lugar del otro, lo cual dificulta estas primeras relaciones sociales y origina continuas disputas. De nuevo, la falta de soltura lingüística es una gran limitación. A veces, si un/a niñ@ tira a otr@ del pelo o le golpea con la pala no significa otra cosa que: “Quiero jugar contigo”. O bien: “Puedes sentarte a mi lado, pero no pienso dejarte mis cosas”.

La familia y educadores deben estar siempre alerta: supervisar su juego, intermediar si se pelean, pacificar al que se irrita, amonestar al que pega,… Lo que puede ser útil con chavales mayores –quedarse al margen para que aprendan a solucionar sus problemas- no vale a esta edad. Primero porque pueden lastimarse. Segundo, porque, si un/a niñ@ muerde para recuperar su triciclo y nadie interviene, creerá que su comportamiento es correcto y que puede seguir haciéndolo. Para que esto no ocurra, hay que indicarle, sin rodeos, que eso no está bien y darle alternativas: “Déjale el triciclo un rato; luego podrás montar tú”… Como no siempre funciona a la primera (en realidad, casi nunca), si se obstina en agredir, no habrá más remedio que separarle del grupo. Y, al día siguiente, darle otra oportunidad.

Siempre que la criatura haga daño a otra persona, las madres y padres deben dejar claro que no toleran esa reacción:

Inmediatez
Cuanto más pequeñ@ sea, más importante es llamarle la atención en el acto. Es absurdo regañarle diez minutos después de la agresión.

Claridad
Hay que ser breves y no andarse por las ramas. Nada de: “Pero hij@, ¿por qué le has pegado? ¿Es que no podéis jugar sin pelearos?”, etc. Es mucho mejor un rotundo No quiero que vuelvas a pegar.

Firmeza
No hace falta gritar ni perder los estribos. Basta con mostrarse serios y convencidos de lo que decimos. Si en el fondo nos hace gracia su comportamiento (“Qué bien se defiende el solito”), el mensaje es equívoco.

Coherencia
Por muy mal que se porte, no le demos nunca un azote. Hay cientos de razones en contra. Además ¿qué sentido tiene pegarle para enseñarle que no debe pegar?.

Constancia
Reñirle de cuando en cuando no sirve de nada. Al contrario, genera confusión. Cada vez que vuelva a agredir, y tantas veces como sea necesario, hay que repetirle la misma idea: “No debes pegar».

CELOS Y RIVALIDAD

T 31 expresionismo

Los celos son una emoción intensa aún en los adultos que resulta más perturbadora para l@s más pequeñ@s, porque no saben qué es lo que los ha lastimado.

Se puede hacer mucho para disminuirlos y ayudar al niñ@ a convertirlos en otros sentimientos menos dolorosos y más constructivos. Si llega a comprender que no hay motivo para temer tanto a un rival, esto fortalece su carácter, de tal manera que estará en mejores condiciones de afrontar situaciones de rivalidad en la vida, en el trabajo y en el hogar.

Una inmensa mayoría de l@s pequeñ@s, reaccionan a la llegada de un bebé, anhelando volver a ser bebés. Por supuesto, la familia debe permitir que su amor por el bebé resulte evidente. Pero deben otorgar al mayor, la oportunidad de sentirse orgullos@ de su madurez, y de recordar que el hecho de ser bebé tiene muchas desventajas.

Una de las maneras por medio de las cuales un niñ@ pequeñ@ trata de superar el dolor de tener un rival más joven, consiste en actuar como si él/ella ya no fuera un niñ@, como si fuera un tercer padre o madre.
La familia pueden estimular al niñ@ a transformar, en realidad, sus sentimientos de rencor, en otros deseos de colaborar y de altruismo legítimo.

Por lo corriente, la sensación de ser dejado de lado tiende a ser experimentada por el primer hij@, cuando llega el/la segund@, porque está habituad@ a ser el centro de atención, y no tiene práctica en compartir con otros el afecto de su familia.

Para un/a niñ@, es bueno saber por anticipado que tendrá un hermano o una hermana, de modo que pueda habituarse un poco. Es suficiente que sepa que va a llegar a la casa una nueva personita; comentarle que está creciendo dentro de la madre o que va a llegar de fuera (según sea el caso). Es difícil explicarle demasiado a una persona menor de 2 años; las explicaciones se deben adaptar a su edad con el objeto de trasmitirle tranquilidad respecto al cambio.

La llegada del bebé debe cambiar lo menos posible la vida del niñ@. Es conveniente hacer todos los cambios posibles, varios meses antes. Si asistirá a una escuela, debería comenzar un par de meses antes. Nada provoca tanto rechazo en un/a niñ@ hacia la escuela como la sensación de que se le envía allí para sacarlo de en medio.

En las primeras semanas, se debe tener el tacto de dejar un poco de lado al nuevo bebé. Trate de atenderlo mientras el/la mayor no esté presente, siempre que sea posible y dedicando atención al niñ@ mayor.

A veces se ve a un/a niñ@ pequeñ@, celos@, que se vuelve ensimismad@. Se encuentra preocupad@ por su hermanit@. Seguramente se encuentre molest@, pero no puede admitirlo, ni siquiera para sí mism@. Este niñ@ necesita aun más apoyo que aquel que sabe con exactitud lo que le perturba.
Es reconfortante cuando el/la pequeñ@ le demuestra amor al bebé, pero ello no significa que deban ignorarse los celos. Pueden manifestarse de maneras indirectas, o sólo bajo circunstancias especiales.

Sus sentimientos se encuentran mezclados. Es sabio admitir que siempre existe algo de celos y algo de afecto, aunque ninguno de estos sentimientos aparezca en la superficie. La cuestión no consiste en ignorar los celos, ni en tratar de forzar a suprimirlos, o hacer que el niño se avergüence demasiado de ellos, sino en ayudar a que se manifiesten con fuerza los sentimientos de afecto.

Existen tres objetivos: proteger al bebé, demostrar al niñ@ que no le permitirán poner en práctica acciones violentas que expresen sus celos, y afirmarle que su familia le sigue queriendo.

Si el/la niñ@ tiene éxito en mostrarse cruel con el bebé, esto le hará sentirse más culpable y turbado en su interior. Si, en una situación semejante, puede comprender que sus padres aceptan sus sentimientos de ira (no sus acciones) y que todavía lo aman, es la mejor prueba de que no necesita preocuparse.

El/la niñ@ que se vuelva triste a causa de los celos, por ser de naturaleza más sensible e introvertida, necesita cariño, afirmación, e impulsarlo a manifestarse, más aún que el que expresa sus sentimientos por medio de la violencia.

Si los celos recrudecen, sólo en el momento en que el bebé es lo bastante crecido como para arrebatarle al mayor sus juguetes, resultará muy conveniente darle un cuarto para él/ella, donde pueda sentir que él/ella, sus juguetes y sus construcciones, están a salvo de interferencias.

No es conveniente forzar al niñ@ a compartir sus juguetes con el bebé. La generosidad auténtica, debe provenir de adentro, y una persona necesita sentirse antes segura y amada. Obligar a un niñ@ a compartir sus posesiones cuando se siente inseguro y egoísta, refuerza dichos sentimientos y los hace más duraderos.

Hablando en términos generales, los celos hacia el bebé son más fuertes en l@s niñ@s menores de 5 años, porque dependen más de sus madres y padres y tienen menos intereses fuera del círculo familiar. Sin embargo, sería un error pensar que los celos no existen en el/la niñ@ mayor.

En ocasiones, las familias concienzudas se preocupan tanto respecto de los celos y se esfuerzan tanto por prevenirlos, que hacen sentir al mayor más inseguro, en lugar de menos. Los padres deberían emplear tanto tacto como fuera posible hacia el/la hij@ mayor, pero no afligirse ni disculparse.

Los nuevos bebés, también necesitan atención y afecto. Pero durante los primeros días, ellos duermen bastante, y son pocos los momentos del día en que estén disponibles para recibir cariños. Esto se ajusta a la necesidad del mayor, es en los primeros días cuando necesita más demostración de afecto. Si se actúa bien, desde el comienzo, poco a poco se acostumbrará al bebé, y perderá su temor. Para el momento en que el bebé necesite la atención completa de la familia, el/la hij@ mayor se sentirá lo bastante segur@ como para permitirlo.
Es casi inevitable que exista algo de celos, y si no son demasiado graves, es probable que ello ayude a l@s niñ@s a crecer más tolerantes, independientes y generosos. En un sentido general, cuanto mejor se lleven los padres uno con otro, y con l@s hij@s, menos celos existirán. Cuanto menos comparaciones se establezcan entre hermanos y hermanas, sean elogiosos o no, será mejor. En general, resulta eficaz que los padres se mantengan al margen de la mayoría de las peleas entre l@s niñ@s, que pueden solucionarlas por sí sol@s.

Si resulta preciso que la madre o el padre deban detener una pelea, con el propósito de salvaguardarlos, o de evitar que se cometa una injusticia, o bien para restaurar la paz, en su propio beneficio; es preferible, simplemente, pedir que terminen las hostilidades, rehusar escuchar explicaciones, actuar en forma desinteresada en la discriminación (a menos que resulte bastante evidente que uno de l@s niñ@s fue culpable, con claridad), concentrarse en lo que debe hacerse en adelante, y dejar que lo pasado se olvide. En algún caso, pueden sugerir, en forma sencilla pero firme, que se establezca un compromiso; en otro, distraer a l@s niñ@s con una nueva ocupación. O bien, l@s niñ@s pueden ser separad@s, y cada uno enviad@ a un lugar neutral, no demasiado interesante.

EL JUEGO DE 0 A 3 AÑOS

T 39 Misrachi

Podemos entender como juego, una actividad espontánea, recreativa, sometida a reglas, libre, ficticia, física y mental. Es una necesidad infantil, fuente de placer, gozo y diversión, que le permite desarrollar su imaginación / creatividad, y constituye una herramienta imprescindible para su desarrollo.
Supone una capacidad de aislarse de la realidad o representarla, y por tanto de encontrarse a sí mismos tal como desean ser.

Para jugar con niños y niñas, las personas adultas deben tener en cuenta una serie de aspectos:

– Dejar que sea la niña o el niño, quien marque la intensidad y la duración de los juegos.
– Le enseñareis a descubrir las diferentes posibilidades de un mismo juego.
– El espacio donde se juegue debe tener los objetos al alcance y estos han de ser de características variadas, color, medida, tacto, material, forma, volumen, sonido,…
– El clima deber dar seguridad y confianza.
– La niña o el niño tiene que ser el generador del juego y el juguete el medio.
– Procurar estar relajad@s, descansad@s y sentiros cómod@s.

Pero debemos tener en cuenta las clases de juego que aparecen en 0-3, para actuar de una manera u otra, ante el juego de vuestr@s hij@s:

De 0 a 1 año:

Estamos en el periodo del juego funcional o de ejercicio, dentro del periodo sensorio-motor del desarrollo.

– Aparecen los juegos de regazo, en los que juega con el adulto. Coger al niño o la niña en brazos, y hablarle o cantarle, con voz suave y relajada, ya que, estos juegos vienen acompañados de canciones o de un componente sensorial y l@s niñ@s responderán por medio del movimiento.
– Para jugar utiliza su propio cuerpo y otros objetos.
– Estos juegos los comienzan por casualidad, ya que, les llama la atención y lo repiten.
– Después de los 7 meses, tras poder sentarse sol@, va a coger los objetos y va a observar sus características mediante la manipulación; por ello debemos poner a su alcance objetos, que puedan manipular, observar, llevarse a la boca, que los siguen con la vista. Es más productivo o motivante para el niño y la niña si la relación con el objeto se realiza a través de una persona que le ofrece el juguete.
– Hacia los 9 meses, al gatear toma la iniciativa para conseguir un objeto mediante el desplazamiento y aparece la imitación.
– Os podéis tumbar, gatear y avanzar de rodillas con ell@s, acompañándole en el gatear. – Como ejemplos de juegos a realizar en estas edades, podemos encontrar el “aserrín, aserrán”, “cucu-tras”, “si vas a por carne”, etc.

De 1 a 2 años:

Estamos en el periodo sensorio-motor y repetitivo.
– L@s niñ@s juegan sol@s o con el adulto.
– Puede jugar en grupo o de forma individual.
– Los juegos deben ser cortos y sencillos.
– En estas edades, los juegos vienen acompañados de canciones y de componentes sensoriales.
– A los 18 meses, el menor empieza a desplazarse, aumenta la necesidad de encontrar objetos, que despierten su interés personal y también la necesidad de comunicarse y compartir con una persona adulta o niñ@ estos descubrimientos que llevan a cabo.
– Podemos realizar juegos de imitación, acompañados por canciones, como los “pajaritos”, las mariposas, etc.

También podemos jugar con distintos materiales, como la plastilina, los cacharritos, jugar con objetos que no son propiamente juguetes, para que el niño desarrolle su imaginación, como puede ser jugar con una escoba, con una caja, etc. (teniendo en cuenta que ese objeto no sea peligroso).

De 2 a 3 años:

Nos encontramos en el periodo del juego simbólico.
– Estos juegos son de ficción, en el que representan la realidad tal como la ven.
– Puede jugar en grupo o sol@.
– Aparece el juego en paralelo, es decir, que en apariencia están jugando junt@s, pero en realidad lo están haciendo por separado, juegan al mismo tiempo pero sin intercambios, ya que en esta edad tienen un pensamiento egocéntrico; todavía les cuesta compartir.
– Utilizan el lenguaje.
– Podéis participar en este tipo de juegos, sólo y exclusivamente si os lo pide, sino os mantendréis al margen, observando el juego de vuestr@ hij@, interviniendo sólo en situaciones que creáis que puedan producirle un daño físico.

Hay que tener en cuenta que estos juegos, se mantendrán a lo largo de todo su desarrollo, en mayor o menor medida.

GRUPO DE CRECIMIENTO PERSONAS LGTB+

plumas

La puesta en funcionamiento de este grupo nace del deseo de crear un espacio para personas que quieran profundizar en su autoconocimiento, en un contexto que parte de la idea de que la orientación sexual tiene un papel preponderante a la hora de configurarse la propia identidad.

Su justificación reside en la existencia de muchos puntos en común a la hora de afrontar la vida cotidiana de las personas homosexuales. Crear un espacio para hombres gays supone asumir esta realidad; la realidad de la discriminación y la necesidad de un apoyo y refuerzo a la hora de afrontar una existencia con características específicas.

En estos tiempos en que se han logrado grandes avances en el reconocimiento social de los derechos de las personas homosexuales y transexuales; pienso que existe una falta de armonía entre los derechos legales conseguidos y la forma en que, a nivel individual, muchas personas viven su orientación afectivo-sexual.

Declararse gay, lesbiana, trans, supondría una toma de conciencia de lo que supone ser homosexual en la propia vida y en la relación con el medio, y decidir vivir de cara con esa tendencia. Tendencia que no es solo sexual; es erótica, es amatoria, es afectiva,… Tendencia que no es elegida, pero que sí puede ser asumida e integrada de formas diferentes.

Así, la labor de positivizar la condición homosexual, la propia y la colectiva, supone revisar aquellas actitudes y conductas que han sido denigradas socialmente y reapropiarnos de ellas desde la dignificación. Por ejemplo, se puede cuestionar porque es inadecuado que un niño no quiera jugar a fútbol y prefiera quedarse leyendo o cosiendo.

Realmente, resulta bastante contradictorio que las personas homosexuales podamos casarnos con todos los derechos y, al mismo tiempo, muchas personas sigan escondiendo esta orientación.

El objetivo de la terapia psicológica es conseguir la aceptación de la diversidad afectivo-sexual, eliminando sentimientos de culpa, vergüenza, depresión, etc., a través de la creación de un espacio de confianza donde poder expresar nuestras emociones, compartir miedos, alegrías, agresividad, tristeza,… Tomando conciencia de ellas para poder conseguir un mayor autoapoyo y seguridad, que nos permita salir al mundo con más fuerza.

Entre las tareas a realizar durante la terapia se encuentran las siguientes:

♦  Revisar las ideas falsas y negativas relacionadas con la homosexualidad.
♦  Proporcionar herramientas psicológicas para afrontar los posibles
problemas que puedan surgir  en diferentes áreas de
la vida (familiar, laboral, amistades, pareja, etc.).
♦  Resolver conflictos y mejorar la intimidad en las relaciones.
♦  Tomar conciencia de nuestra vulnerabilidad, para poder hacernos
más fuertes.
♦  Recuperarse de los malos tratos y el comportamiento autodestructivo.
♦  Superar los bloqueos y desarrollar el verdadero potencial a través
del pensamiento positivo.
♦  Satisfacer el anhelo de seguridad, confianza, intimidad, aceptación
y amor.

sosteniendoComo en cualquier grupo terapéutico de orientación humanista se trabaja con la problemática de los diferentes miembros del grupo. Por un lado, se pueden abordar situaciones individuales que crean conflicto y trabajarlas dentro del grupo; estas situaciones tienen un eco en el resto de las personas movilizando a cada una diferentes emociones y escenas de su vida.

Por otro lado se trabajan también las dinámicas y movimientos que acontecen y que tienen que ver con las relaciones que se establecen entre los participantes.

Tanto la psicoterapia grupal, como la terapia individual, pretenden que la persona se haga responsable de su vida, fomentando procesos creativos a la hora de responder a las diferentes situaciones cambiantes de la vida. En definitiva, que consiga autoapoyo, es decir, que sea capaz de apoyarse en sus propias capacidades y recursos desde una conciencia de sí misma.

Como en cualquier grupo de psicoterapia de orientación humanista, se asume las individualidades, especificidad y defensas de cada miembro del grupo; partiendo de que cada persona afronta la vida de una forma propia y no todo el mundo pasa por las mismas situaciones.

b12Lo mismo sucedería con el modo de  asumir la diversidad sexual; no todos la vivimos de la misma manera, ni hemos tenido las mismas experiencias. Así, el grupo se plantea como base de su ideario el respeto y la aceptación de la forma en que cada uno de sus miembros lleva su homosexualidad, con una actitud de escucha y empatía hacia las diferentes realidades.

Lo que da una identidad propia a este grupo es el hecho de asumir la existencia de  una serie de vivencias compartidas. Experiencias que de una u otra manera, pueden ser sentidas y entendidas por sus miembros de una forma especial y que se enmarcan dentro del proceso de aceptación de nuestra orientación afectivo-sexual.

A la hora de plantear este grupo, presupongo la existencia de una serie de temas que tienen una resonancia especial para las personas homosexuales; aunque evidentemente, no igual para todas.

Dentro de estos temas que planteo como propios y que considero justifican la existencia del grupo estarían los siguientes:

♦  Reconocimiento e integración de nuestras partes masculina y femenina.
♦  Las relaciones afectivo- sexuales, cuestionamiento e integración de los
roles «activo» – «pasivo».
♦  La historia personal, compartiendo las posibles situaciones de rechazo y
de autonegación.
♦  Dificultades a la hora de asumir la orientación sexual. Sentimientos de
inferioridad y vergüenza.
♦  El miedo de exponerlo al mundo, a la reacción de los demás, al rechazo,
a las agresiones.
♦  La ansiedad de estar en el armario. La automarginación y la exclusión.
♦  Aceptación y valoración de los valores y las características
homosexuales.
♦  El desarraigo de la familia de origen.
♦  La búsqueda de un modelo de pareja con pocos referentes.
♦  La búsqueda de modelos válidos y alternativos de familia.

La idea es trabajar terapéuticamente en un contexto de aceptación y reafirmación a través de diferentes dinámicas. Atendiendo especialmente a la toma de conciencia y expresión de las emociones a través de la escucha corporal, ya que el cuerpo físico es el lugar donde se concentra toda la ansiedad y la tensión consecuencia de esconder las emociones.