NORMAS Y LÍMITES EN LA INFANCIA

T 34 minimalismo

Pegar, morder, empujar, arañar… son reacciones habituales en la primera infancia y no existe razón para alarmarse. En su conducta no hay mala intención ni violencia. Aunque esto no significa que deba pasarse por alto. Tienen que aprender –y cuanto antes, mejor- que semejantes acciones son inaceptables y no pueden hacer de ellas un hábito.

Para pararle los pies a un/a niñ@ que suele pegar o morder, primero hay que saber qué es lo que le induce a portarse así. Según cual sea la motivación, la estrategia cambia.

En el segundo año, l@s niñ@s están inmersos en la llamada edad de las rabietas, y esto significa que su estado de ánimo es muy voluble. En esta fase, l@s niñ@s se enojan y enfurecen enseguida cuando no consiguen lo que quieren, bien sea por culpa de otr@s o por sus propias limitaciones.
Como todavía tienen dificultades para comunicarse con fluidez, no es extraño que utilicen manos, uñas y dientes para manifestar su enfado a l@s demás.

No debemos reprimir sin más los sentimientos de ira o frustración. Lo que sí hay que hacer es censurar esa manera inadecuada de expresarlos, explicándoles que es natural que se sientan mal y que comprendemos su enfado, pero que no han de reaccionar pegando o mordiendo a otros.

Algunas agresiones se pueden prevenir fácilmente. Si notamos que el/la niñ@ está realmente enfadado o a punto de atacar, no esperemos a que se líe a golpes para actuar. Antes bien, tendríamos que intentar ayudarle para que se calme, quitando hierro al asunto y procurando distraerle con otra cosa.

L@s niñ@s de esta edad son egocéntric@s por naturaleza y disfrutan sintiéndose el eje de todas las miradas.

Si sospechamos que nuestr@ hij@ está buscando notoriedad con sus ataques, lo que habría que hacer es justo lo contrario a lo que él/ella espera: si vuelve a pegar, debemos procurar ignorarle y desviar todo el interés hacia el otr@ niñ@. Por el contrario, amenazándole o riñéndole a voces, vería cumplido su objetivo y nosotr@s estaríamos reforzando precisamente aquello que pretendemos evitar.

En ocasiones, puede que el/la niñ@ realmente se sienta desatendid@ y esa actitud llamativa sea una manera de pedir que la familia le dediquen más tiempo (esto puede ocurrir, por ejemplo, tras la llegada de un hermanit@). Lógicamente, siempre se ha de responder a esa demanda (jugar más a menudo con él/ella, reservarle a diario un tiempo en exclusiva; darle muchas muestras de cariño, etc.) pero no como respuesta a la agresión que acaba de cometer, sino en cualquier otro momento del día. El mensaje que tenemos que transmitirle es: no necesitas pegar para que te hagamos caso.

Aunque busca la compañía de otr@s niñ@s, aún no sabe jugar en común, ni compartir, ni ponerse en el lugar del otro, lo cual dificulta estas primeras relaciones sociales y origina continuas disputas. De nuevo, la falta de soltura lingüística es una gran limitación. A veces, si un/a niñ@ tira a otr@ del pelo o le golpea con la pala no significa otra cosa que: “Quiero jugar contigo”. O bien: “Puedes sentarte a mi lado, pero no pienso dejarte mis cosas”.

La familia y educadores deben estar siempre alerta: supervisar su juego, intermediar si se pelean, pacificar al que se irrita, amonestar al que pega,… Lo que puede ser útil con chavales mayores –quedarse al margen para que aprendan a solucionar sus problemas- no vale a esta edad. Primero porque pueden lastimarse. Segundo, porque, si un/a niñ@ muerde para recuperar su triciclo y nadie interviene, creerá que su comportamiento es correcto y que puede seguir haciéndolo. Para que esto no ocurra, hay que indicarle, sin rodeos, que eso no está bien y darle alternativas: “Déjale el triciclo un rato; luego podrás montar tú”… Como no siempre funciona a la primera (en realidad, casi nunca), si se obstina en agredir, no habrá más remedio que separarle del grupo. Y, al día siguiente, darle otra oportunidad.

Siempre que la criatura haga daño a otra persona, las madres y padres deben dejar claro que no toleran esa reacción:

Inmediatez
Cuanto más pequeñ@ sea, más importante es llamarle la atención en el acto. Es absurdo regañarle diez minutos después de la agresión.

Claridad
Hay que ser breves y no andarse por las ramas. Nada de: “Pero hij@, ¿por qué le has pegado? ¿Es que no podéis jugar sin pelearos?”, etc. Es mucho mejor un rotundo No quiero que vuelvas a pegar.

Firmeza
No hace falta gritar ni perder los estribos. Basta con mostrarse serios y convencidos de lo que decimos. Si en el fondo nos hace gracia su comportamiento (“Qué bien se defiende el solito”), el mensaje es equívoco.

Coherencia
Por muy mal que se porte, no le demos nunca un azote. Hay cientos de razones en contra. Además ¿qué sentido tiene pegarle para enseñarle que no debe pegar?.

Constancia
Reñirle de cuando en cuando no sirve de nada. Al contrario, genera confusión. Cada vez que vuelva a agredir, y tantas veces como sea necesario, hay que repetirle la misma idea: “No debes pegar».

CELOS Y RIVALIDAD

T 31 expresionismo

Los celos son una emoción intensa aún en los adultos que resulta más perturbadora para l@s más pequeñ@s, porque no saben qué es lo que los ha lastimado.

Se puede hacer mucho para disminuirlos y ayudar al niñ@ a convertirlos en otros sentimientos menos dolorosos y más constructivos. Si llega a comprender que no hay motivo para temer tanto a un rival, esto fortalece su carácter, de tal manera que estará en mejores condiciones de afrontar situaciones de rivalidad en la vida, en el trabajo y en el hogar.

Una inmensa mayoría de l@s pequeñ@s, reaccionan a la llegada de un bebé, anhelando volver a ser bebés. Por supuesto, la familia debe permitir que su amor por el bebé resulte evidente. Pero deben otorgar al mayor, la oportunidad de sentirse orgullos@ de su madurez, y de recordar que el hecho de ser bebé tiene muchas desventajas.

Una de las maneras por medio de las cuales un niñ@ pequeñ@ trata de superar el dolor de tener un rival más joven, consiste en actuar como si él/ella ya no fuera un niñ@, como si fuera un tercer padre o madre.
La familia pueden estimular al niñ@ a transformar, en realidad, sus sentimientos de rencor, en otros deseos de colaborar y de altruismo legítimo.

Por lo corriente, la sensación de ser dejado de lado tiende a ser experimentada por el primer hij@, cuando llega el/la segund@, porque está habituad@ a ser el centro de atención, y no tiene práctica en compartir con otros el afecto de su familia.

Para un/a niñ@, es bueno saber por anticipado que tendrá un hermano o una hermana, de modo que pueda habituarse un poco. Es suficiente que sepa que va a llegar a la casa una nueva personita; comentarle que está creciendo dentro de la madre o que va a llegar de fuera (según sea el caso). Es difícil explicarle demasiado a una persona menor de 2 años; las explicaciones se deben adaptar a su edad con el objeto de trasmitirle tranquilidad respecto al cambio.

La llegada del bebé debe cambiar lo menos posible la vida del niñ@. Es conveniente hacer todos los cambios posibles, varios meses antes. Si asistirá a una escuela, debería comenzar un par de meses antes. Nada provoca tanto rechazo en un/a niñ@ hacia la escuela como la sensación de que se le envía allí para sacarlo de en medio.

En las primeras semanas, se debe tener el tacto de dejar un poco de lado al nuevo bebé. Trate de atenderlo mientras el/la mayor no esté presente, siempre que sea posible y dedicando atención al niñ@ mayor.

A veces se ve a un/a niñ@ pequeñ@, celos@, que se vuelve ensimismad@. Se encuentra preocupad@ por su hermanit@. Seguramente se encuentre molest@, pero no puede admitirlo, ni siquiera para sí mism@. Este niñ@ necesita aun más apoyo que aquel que sabe con exactitud lo que le perturba.
Es reconfortante cuando el/la pequeñ@ le demuestra amor al bebé, pero ello no significa que deban ignorarse los celos. Pueden manifestarse de maneras indirectas, o sólo bajo circunstancias especiales.

Sus sentimientos se encuentran mezclados. Es sabio admitir que siempre existe algo de celos y algo de afecto, aunque ninguno de estos sentimientos aparezca en la superficie. La cuestión no consiste en ignorar los celos, ni en tratar de forzar a suprimirlos, o hacer que el niño se avergüence demasiado de ellos, sino en ayudar a que se manifiesten con fuerza los sentimientos de afecto.

Existen tres objetivos: proteger al bebé, demostrar al niñ@ que no le permitirán poner en práctica acciones violentas que expresen sus celos, y afirmarle que su familia le sigue queriendo.

Si el/la niñ@ tiene éxito en mostrarse cruel con el bebé, esto le hará sentirse más culpable y turbado en su interior. Si, en una situación semejante, puede comprender que sus padres aceptan sus sentimientos de ira (no sus acciones) y que todavía lo aman, es la mejor prueba de que no necesita preocuparse.

El/la niñ@ que se vuelva triste a causa de los celos, por ser de naturaleza más sensible e introvertida, necesita cariño, afirmación, e impulsarlo a manifestarse, más aún que el que expresa sus sentimientos por medio de la violencia.

Si los celos recrudecen, sólo en el momento en que el bebé es lo bastante crecido como para arrebatarle al mayor sus juguetes, resultará muy conveniente darle un cuarto para él/ella, donde pueda sentir que él/ella, sus juguetes y sus construcciones, están a salvo de interferencias.

No es conveniente forzar al niñ@ a compartir sus juguetes con el bebé. La generosidad auténtica, debe provenir de adentro, y una persona necesita sentirse antes segura y amada. Obligar a un niñ@ a compartir sus posesiones cuando se siente inseguro y egoísta, refuerza dichos sentimientos y los hace más duraderos.

Hablando en términos generales, los celos hacia el bebé son más fuertes en l@s niñ@s menores de 5 años, porque dependen más de sus madres y padres y tienen menos intereses fuera del círculo familiar. Sin embargo, sería un error pensar que los celos no existen en el/la niñ@ mayor.

En ocasiones, las familias concienzudas se preocupan tanto respecto de los celos y se esfuerzan tanto por prevenirlos, que hacen sentir al mayor más inseguro, en lugar de menos. Los padres deberían emplear tanto tacto como fuera posible hacia el/la hij@ mayor, pero no afligirse ni disculparse.

Los nuevos bebés, también necesitan atención y afecto. Pero durante los primeros días, ellos duermen bastante, y son pocos los momentos del día en que estén disponibles para recibir cariños. Esto se ajusta a la necesidad del mayor, es en los primeros días cuando necesita más demostración de afecto. Si se actúa bien, desde el comienzo, poco a poco se acostumbrará al bebé, y perderá su temor. Para el momento en que el bebé necesite la atención completa de la familia, el/la hij@ mayor se sentirá lo bastante segur@ como para permitirlo.
Es casi inevitable que exista algo de celos, y si no son demasiado graves, es probable que ello ayude a l@s niñ@s a crecer más tolerantes, independientes y generosos. En un sentido general, cuanto mejor se lleven los padres uno con otro, y con l@s hij@s, menos celos existirán. Cuanto menos comparaciones se establezcan entre hermanos y hermanas, sean elogiosos o no, será mejor. En general, resulta eficaz que los padres se mantengan al margen de la mayoría de las peleas entre l@s niñ@s, que pueden solucionarlas por sí sol@s.

Si resulta preciso que la madre o el padre deban detener una pelea, con el propósito de salvaguardarlos, o de evitar que se cometa una injusticia, o bien para restaurar la paz, en su propio beneficio; es preferible, simplemente, pedir que terminen las hostilidades, rehusar escuchar explicaciones, actuar en forma desinteresada en la discriminación (a menos que resulte bastante evidente que uno de l@s niñ@s fue culpable, con claridad), concentrarse en lo que debe hacerse en adelante, y dejar que lo pasado se olvide. En algún caso, pueden sugerir, en forma sencilla pero firme, que se establezca un compromiso; en otro, distraer a l@s niñ@s con una nueva ocupación. O bien, l@s niñ@s pueden ser separad@s, y cada uno enviad@ a un lugar neutral, no demasiado interesante.

EL JUEGO DE 0 A 3 AÑOS

T 39 Misrachi

Podemos entender como juego, una actividad espontánea, recreativa, sometida a reglas, libre, ficticia, física y mental. Es una necesidad infantil, fuente de placer, gozo y diversión, que le permite desarrollar su imaginación / creatividad, y constituye una herramienta imprescindible para su desarrollo.
Supone una capacidad de aislarse de la realidad o representarla, y por tanto de encontrarse a sí mismos tal como desean ser.

Para jugar con niños y niñas, las personas adultas deben tener en cuenta una serie de aspectos:

– Dejar que sea la niña o el niño, quien marque la intensidad y la duración de los juegos.
– Le enseñareis a descubrir las diferentes posibilidades de un mismo juego.
– El espacio donde se juegue debe tener los objetos al alcance y estos han de ser de características variadas, color, medida, tacto, material, forma, volumen, sonido,…
– El clima deber dar seguridad y confianza.
– La niña o el niño tiene que ser el generador del juego y el juguete el medio.
– Procurar estar relajad@s, descansad@s y sentiros cómod@s.

Pero debemos tener en cuenta las clases de juego que aparecen en 0-3, para actuar de una manera u otra, ante el juego de vuestr@s hij@s:

De 0 a 1 año:

Estamos en el periodo del juego funcional o de ejercicio, dentro del periodo sensorio-motor del desarrollo.

– Aparecen los juegos de regazo, en los que juega con el adulto. Coger al niño o la niña en brazos, y hablarle o cantarle, con voz suave y relajada, ya que, estos juegos vienen acompañados de canciones o de un componente sensorial y l@s niñ@s responderán por medio del movimiento.
– Para jugar utiliza su propio cuerpo y otros objetos.
– Estos juegos los comienzan por casualidad, ya que, les llama la atención y lo repiten.
– Después de los 7 meses, tras poder sentarse sol@, va a coger los objetos y va a observar sus características mediante la manipulación; por ello debemos poner a su alcance objetos, que puedan manipular, observar, llevarse a la boca, que los siguen con la vista. Es más productivo o motivante para el niño y la niña si la relación con el objeto se realiza a través de una persona que le ofrece el juguete.
– Hacia los 9 meses, al gatear toma la iniciativa para conseguir un objeto mediante el desplazamiento y aparece la imitación.
– Os podéis tumbar, gatear y avanzar de rodillas con ell@s, acompañándole en el gatear. – Como ejemplos de juegos a realizar en estas edades, podemos encontrar el “aserrín, aserrán”, “cucu-tras”, “si vas a por carne”, etc.

De 1 a 2 años:

Estamos en el periodo sensorio-motor y repetitivo.
– L@s niñ@s juegan sol@s o con el adulto.
– Puede jugar en grupo o de forma individual.
– Los juegos deben ser cortos y sencillos.
– En estas edades, los juegos vienen acompañados de canciones y de componentes sensoriales.
– A los 18 meses, el menor empieza a desplazarse, aumenta la necesidad de encontrar objetos, que despierten su interés personal y también la necesidad de comunicarse y compartir con una persona adulta o niñ@ estos descubrimientos que llevan a cabo.
– Podemos realizar juegos de imitación, acompañados por canciones, como los “pajaritos”, las mariposas, etc.

También podemos jugar con distintos materiales, como la plastilina, los cacharritos, jugar con objetos que no son propiamente juguetes, para que el niño desarrolle su imaginación, como puede ser jugar con una escoba, con una caja, etc. (teniendo en cuenta que ese objeto no sea peligroso).

De 2 a 3 años:

Nos encontramos en el periodo del juego simbólico.
– Estos juegos son de ficción, en el que representan la realidad tal como la ven.
– Puede jugar en grupo o sol@.
– Aparece el juego en paralelo, es decir, que en apariencia están jugando junt@s, pero en realidad lo están haciendo por separado, juegan al mismo tiempo pero sin intercambios, ya que en esta edad tienen un pensamiento egocéntrico; todavía les cuesta compartir.
– Utilizan el lenguaje.
– Podéis participar en este tipo de juegos, sólo y exclusivamente si os lo pide, sino os mantendréis al margen, observando el juego de vuestr@ hij@, interviniendo sólo en situaciones que creáis que puedan producirle un daño físico.

Hay que tener en cuenta que estos juegos, se mantendrán a lo largo de todo su desarrollo, en mayor o menor medida.