ANSIEDAD

En principio, la ansiedad es una emoción adaptativa, puesto que nos pone en alerta ante un posible peligro y de este modo podemos defendernos de él. Por ello, la ausencia total de ansiedad es un grave problema, puesto que no estaríamos preparados para defendernos ante las situaciones de riesgo.

Los problemas en relación a la ansiedad comienzan cuando es muy elevada y desproporcionada en relación al riesgo real o surge sin que exista un peligro externo que genere ese miedo (riesgo interno y subjetivo).

Experimentar ansiedad de manera elevada y constante puede provocar un bloqueo en el rendimiento o una pérdida de control sobre nuestra conducta normal, ocasionando diferentes cuadros clínicos: ataques de pánico, ansiedad generalizada, diferentes tipos de fobia, trastorno obsesivo compulsivo, estrés o sexo compulsivo.

 

SÍNTOMAS

La sintomatología que aparece en la persona que sufre ansiedad es muy diversa, puesto que pueden aparecer problemas a nivel, físico, psicológico y social.

Síntomas físicos: taquicardia, palpitaciones, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, sudoración, molestias digestivas, náuseas, malestar estomacal (ardor, sensación de nudo), tensión muscular, cansancio, hormigueo, mareo, estado de hipervigilancia, trastorno del sueño y de la alimentación, etc.

Síntomas psicológicos: inquietud, miedo, sensación de peligro, inseguridad, sensación de estar fuera de control, baja autoestima, dificultad para concentrarse y fijar la atención, pensamientos negativos y catastrofistas, etc.

Problemas relacionales: irritabilidad en el trato con otras personas, aislamiento, bloqueo ante el contacto o conductas inadecuadas por nerviosismo; dificultad para mantener una conversación, para expresar las emociones o las propias opiniones; timidez y retraimiento, miedo a tener conflictos o enojar a la otra persona, etc.

 

CONCEPTOS RELACIONADOS

Ansiedad generalizada: se caracteriza porque la persona sufre de angustia general y a veces permanente. Las personas que padecen de ansiedad generalizada experimentan miedos y preocupaciones persistentes no específicos.

Ataque de pánico: es un tipo de ansiedad que cursa como una crisis aguda con intensa sintomatología y que suele asociarse a la vivencia de pérdida de control e incluso de muerte inminente.

Miedo: respuesta emocional a un peligro concreto frente a la ansiedad como un sentimiento de incomodidad más continuo y permanente.

Estrés: se produce cuando una persona percibe que ha de hacer frente a demandas ambientales que sobrepasan su capacidad de respuestas.

Paranoia: supone la creencia de que el mundo está en contra suya y una actitud en guardia continua. La persona está enfadada con el mundo y ve siempre malas intenciones, con lo cual se establece un círculo vicioso de desconfianza y rabia.

Obsesión: es un plano superior a la ansiedad. La persona obsesiva busca la perfección (su idea de perfección) de manera enfermiza; necesita tener todo controlado, este control es lo que le permite sentirse segura y evita que se desmorone. Los pensamientos obsesivos y las conductas compulsivas le proporcionan una sensación de control.

Distorsión cognitiva: es una forma seriamente deformada de pensar que influye en lo que sentimos.
La obsesión y la paranoia tienen un punto de pensamiento alterado por la ansiedad.

Fobias: se caracterizan porque la persona sufre miedo y ansiedad irracional por algún estímulo o situación que, en principio, representa poco o ningún peligro real.

Agorafobia: se caracteriza por la angustia al encontrarse en lugares abiertos o en situaciones donde la persona piensa y siente que salir de allí puede resultar difícil.

 

ACOSO Y ANSIEDAD

En lo que respecta a las personas que han sufrido algún tipo de acoso, que han vivido con un miedo continuo a sufrirlo o que han sentido el peligro de ser descubiertas y atacadas, casi que lo normal y adaptativo es aprender a estar alerta ante posibles enemigos.

En base a este razonamiento es entendible que el estado de angustia, miedo y ansiedad sea algo habitual en las personas que han transitado lo que significa pertenecer a una minoría afectivo-sexual en nuestra sociedad. Así, se normaliza vivir en un estado de ansiedad generalizada, de forma que ni siquiera existe la conciencia del problema. En la construcción de la personalidad se va asumiendo la angustia y el miedo de poder ser atacadas impunemente como algo que va en el paquete de ser lesbiana, marica o trans.

Hemos de tener en cuenta que en muchas de las personas LGTBI+ existe un miedo muy nuclear a perder el apoyo del entorno (recordemos que el temor a no ser querida por las figuras de referencia que siente la persona no vista y aceptada en algo tan esencial respecto a la propia identidad hace crecer con un apego inseguro que provoca una angustia constante). Esta angustia constante se pega a piel y se convierte en algo que forma parte de la persona, muchas veces sin conciencia de que es algo de los que se puede y se debe desprenderse.

Como indicaba en el artículo titulado “estrés de las minorías”, el rechazo y la presión sufrida en la infancia y adolescencia por las personas que se salen de las normas sociales clásicas respecto al sexo y el género provoca un cuadro conocido como estrés postraumático.

La ansiedad es el síntoma más característico en el estrés postraumático (TEPT); el cual puede ir asociado a otros trastornos relacionados con la ansiedad, como son: fobias, trastorno obsesivo-compulsivo, paranoia, trastorno de pánico, agorafobia, vulnerabilidad a las drogas, distorsiones cognitivas, indefensión aprendida, problemas de asertividad.

 

SENTIR, PENSAR, HACER

Desde la psicoterapia gestalt, La actuación humana consciente y consecuente se plantea como un equilibrio entre sentir, pensar y hacer. La ansiedad se entiende como un mecanismo de contención que paraliza a la persona en un doble sentido; por un lado, impide conectar con las emociones y, por otro, pasar a la acción.

La paralización se produce a nivel mental, mediante las actividades relacionadas con el pensar, adivinar, imaginar, planificar, recordar el pasado o predecir el futuro. Es en esta zona donde se alojan las expectativas catastróficas, los complejos que distorsionan la visión del mundo, ideas acerca de las cosas, creencias, los miedos,…
Ya que la ansiedad supone una paralización a través de la actividad mental, intentaremos que ésta deje de actuar de forma tan severa mediante técnicas de parada de pensamiento; así habrá más espacio para desarrollar las áreas de sentir y actuar.

SENTIR: atender al sentir, consiste en escuchar nuestras necesidades y deseos. Estas respuestas las encontramos en la parte de nuestro cerebro más emocional; son respuestas a las que no se accede desde el pensamiento (pensar lo que deseo solo crea confusión, el deseo se siente), consiste en relajarse y escucharnos sin censura.

Para ayudar a darnos cuenta de estas emociones, necesidades y deseos contamos con la ayuda del cuerpo físico. Atender a las sensaciones corporales que acompañan a las emociones ayuda a identificar nuestras necesidades reales o deseos más íntimos ya que, a veces, resulta difícil acceder a ellos.

El concepto de coraza muscular que desarrollaré en el siguiente artículo se refiere a esta relación entre las tensiones físicas y el intento de controlar las emociones.

PENSAR: una vez hemos tomado conciencia de los que necesitamos o queremos, analizamos estos mensajes. De una manera racional los confrontamos con la realidad, indagamos sobre la posibilidad, las maneras y las estrategias para satisfacerlos de la mejor manera posible, buscando el equilibrio entre los deseos y la posibilidad de llevarlos a cabo.

ACTUAR: una vez que nuestra emoción y razón han llegado a un consenso pasamos a la acción, de otra manera el ciclo quedaría interrumpido, provocando ansiedad y angustia. Actuamos desde la decisión tomada con responsabilidad y asumiendo conscientemente sus consecuencias.

 

TRATAMIENTO DE LA ANSIEDAD

Si entendemos la ansiedad como un mensajero que nos está avisando de que tenemos aspectos vitales que resolver, el objetivo será escuchar ese mensaje; tomar conciencia de lo que nuestro cuerpo nos está trasmitiendo a través de la ansiedad.

La ansiedad es el síntoma que nos dice que hay conflictos subyacentes sin resolver y que deberíamos poner atención en que nos está sucediendo para poder afrontarlo.

El miedo que supone enfrentarnos tanto a emociones como a situaciones que valoramos (de forma más o menos irracional) como peligrosas, hace que nos quedemos atascados en la zona de los pensamientos y las ideas.

El trabajo terapeútico tendría tres direcciones relacionadas con el sentir, el pensar y el hacer.
Por una parte ayudar a acceder al mundo emocional, por otra facilitar estrategias para frenar la actividad mental y por último, que la persona adquiera herramientas y recursos para pasar a la acción, para que se permita actuar y dejar fluir toda esa energía bloqueada.

Así, los objetivos que se pretende alcanzar con la intervención son:

  • Reconocer y gestionar nuestras emociones.
  • Conocer las sensaciones físicas que acompañan a nuestras emociones y que ayudan a identificarlas.
  • Aprender técnicas de respiración y relajación para acceder a las emociones y calmar la ansiedad.
  • Revisar y cambiar los pensamientos irracionales que estimulan la ansiedad.
  • Utilizar diferentes estrategias de parada y control de pensamiento.
  • Aprender a desconectar y a realizar cosas que nos ayudan a relajarnos.
  • Que la persona comprenda el origen de su ansiedad.
  • Tener valor para eliminar situaciones que generan estrés.
  • Aprender a manejar situaciones que debemos seguir afrontando.
  • Revisar sentimientos de culpa, miedo y vergüenza paralizantes.
  • Aumentar la autoestima y la autonomía personal.
  • Integrar en la vida el autocuidado y el disfrute.

La vertiente fisiológica de la ansiedad se refleja en la contención de la respiración mediante la tensión muscular. Mediante ejercicio físico, respiratorios y de relajación que ayudan a liberar tensiones musculares se puede apoyar que salgan las emociones (modelo de trabajo de Reich y Lowen).

Muchas veces, la persona acude a psicoterapia, o fisioterapia, cuando el dolor mental y físico que provoca tanta contención es mayor que el miedo a lo que pretende contener. También es cierto, que esos fantasmas que tanto nos han asustado, si nos atrevemos a volver a mirarlos suelen ser más pequeños de lo que recordábamos, aunque no lo parezca, durante nuestra vida vamos desarrollando recursos de los cuales no somos conscientes y que no teníamos cuando la ansiedad se instauró en nuestra vidas.

La coherencia entre sentir, pensar y hacer provoca serenidad y, por tanto, felicidad.

AUTOESTIMA

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El concepto de autoestima se refiere a la valoración que la persona tiene hacia ella misma y está determinada por la imagen que se ha construido; se basa en la capacidad de quererse y apreciarse. Lo que piensa y siente sobre sí misma, el grado de satisfacción que tiene con su propio ser.

El concepto de sí mismo se va formando gradualmente a través del tiempo y de las experiencias vividas por el sujeto. La valoración que una persona tiene de sí está determinada por las opiniones, estima y valoración de las personas socialmente relevantes y su historia personal de éxitos y fracasos.

Cuando definimos el nivel de autoestima de una persona, analizamos diferentes dimensiones de ésta, ya que una persona puede tener una buena imagen de sí misma en un aspecto determinado y baja en otro. Todas las personas nos sentimos más seguras en unos aspectos de nuestro ser que en otros y si se equilibran, la imagen queda a salvo. El saber en qué aspectos una persona se siente más insegura sirve para focalizar la intervención.

DIMENSIONES DE LA AUTOESTIMA

Dimensión física: se refiere a la valoración del propio cuerpo desde el atractivo y la belleza.
Dimensión social: tiene que ver con sentir aceptación o rechazo por los iguales, sentirse parte del grupo, tomar la iniciativa en las relaciones, saber solucionar conflictos y en general relacionarse con otras personas del propio sexo u opuesto.
Dimensión afectiva: se refiere a la autopercepción de las características de personalidad, como conecta con sus emociones y regula sus impulsos, adecuándose a las relaciones sociales.
Dimensión académica: alude a la percepción de su capacidad para enfrentar con éxito las situaciones de aprendizaje, sentirse inteligente, creativo y constante.
Dimensión ética: tiene que ver con la imagen que tiene la persona sobre los valores y normas que rigen su vida; si estos no coinciden con los de su grupo de referencia es posible que tenga mala imagen sobre su moralidad y que le provoque vergüenza y culpa.

FORMAS DE EXPRESIÓN DE LA AUTOESTIMA POSITIVA

Actitud de confianza y seguridad. Capacidad de autocontrol. Autorregulación de los impulsos. Integración entre lo que siente, piensa y hace. Flexibilidad. Aceptación de los demás. Autonomía personal. Toma de iniciativa en el contacto social. Comunicación clara y directa. Actitud empática. Actitud de compromiso, optimista en relación con sus posibilidades. Se esfuerza y es constante. Cuando se equivoca es capaz de reconocerlo. Su actitud es creativa.

FORMAS DE EXPRESIÓN DE LA BAJA AUTOESTIMA

Actitud excesivamente quejumbrosa y crítica. Necesidad compulsiva de llamar la atención. Necesidad imperiosa de ganar. Actitud inhibida y poco sociable. Temor excesivo a equivocarse. Actitud insegura. Ánimo triste. Actitud perfeccionista. Actitud desafiante y agresiva. Actitud derrotista. Necesidad compulsiva de aprobación. Sentimiento de que los demás no le valoran. Fácilmente influenciable. Sentimiento de frustración e impotencia. Actitud defensiva.

APOYO-FRUSTRACIÓN

El concepto de autoestima está muy ligado al contexto social; en una sociedad tan narcisista como la nuestra, en la cual todos creemos poder alcanzar las metas que nos propongamos, es fácil que nos sintamos decepcionados al ver que no se cumplen las expectativas que tenemos para nosotros mismos. Así, si los parámetros de referencia son muy altos podemos sentir frustración al ver que no se cumplen.

La polaridad apoyo – frustración, representa el territorio en que debemos movernos para construir una autoestima ajustada.

Para comenzar, sería bueno no crear ni poner tantas expectativas en los niños y niñas para que no se decepcionen ni sientan que decepcionan a sus adultos.

Cuando el apoyo es extremo se produce una sobreprotección que impide desarrollar recursos para valerse por uno mismo (podemos construir una alta pero falsa autoestima que puede quedar desgarrada al enfrentarse a la realidad).

Así según el niño y la niña van creciendo es preciso dejarles que vayan desarrollando sus propios recursos, que se enfrenten a los límites y aprendan a tolerar la frustración; cuando los adultos establecen límites desde el cuidado y el amor se favorece la construcción una buena imagen de una misma asentada sobre la realidad.

SOCIALIZACIÓN DE MINORÍAS SEXUALES Y AUTOESTIMA

Si nos fijamos en cómo ha sido este apoyo en las personas homosexuales nos damos cuenta que normalmente es escaso en cuando a su orientación o identidad afectivo-sexual. Es verdad que la niña o el niño ha podido ser querido, atendida y valorado en varias dimensiones de su personalidad, pero no en lo referente a este aspecto fundamental de su identidad.

Gota a gota se va censurado y desvalorizando todo aquello que no cumple los mandatos de género que rigen nuestra cultura; el niño y la niña se da cuenta de que las cosas que hace y, lo que es más grave para su autoestima, lo que es, está mal.

Así, si un niño mariquita hace unos peinados preciosos a sus amiguitas no se le valorará como si lo hiciese una niña, más bien provocará tensión y vergüenza en su entorno y se intentará que dirija su habilidad hacia actividades de género más coherentes con su sexo; la terrible paradoja es que la personita vive sus capacidades con vergüenza y culpa.

amo a mi hijo gayUna vez más la primera intervención es socio política, revisar y cuestionar los valores en que se ha educado la persona, que es lo bueno y lo malo y porque cambia su validez según lo haga una persona u otra. Los mandatos del sistema heteropatriarcal consiguen que la persona que no se encuadre dentro del esquema no se acepte a sí misma, considerándose no válida, aceptando el lugar de exclusión e invisibilidad que el marco normativo le asigna.

Los espacios que ayudan a mejorar la imagen de una misma son aquellos en lo que encuentras amistad, confianza, aprecio, colaboración, creatividad, ayuda y compromiso. Es precioso rebelarse y afirmarse interna y/o externamente a lo establecido para poder sobrevivir con dignidad.
En el proceso de reforzar la autoestima, debemos revisar la propia imagen, muchas veces anclada en momentos de sufrimiento, de espacial aislamiento o rechazo por parte de los demás. Esa imagen precisa una revisión, tanto a nivel psicológico como físico.

Mirar la propia infancia y adolescencia desde la persona adulta con comprensión y compasión hacia mi; pensar en actividades en las cuales yo era bueno de niño, pero que como estaban mal vistas en los niños de mi sexo no las hacía; recordar esas cosas vergonzantes para poder recuperarlas, reforzarlas, reencontrarnos con habilidades abandonadas; en resumen recuperar y legitimar gustos y aficiones.

 

CARICIAS Y CONTACTO

Piel de gallina

Las caricias y el contacto físico son un fin en sí mismos. La caricia no tiene porqué ser el inicio de un camino; el disfrute de las sensaciones que provoca la hacen válida en sí misma.

El dedicar tiempo al contacto con otra persona ayuda a establecer lazos de mayor intimidad y a confiar. El disfrutar de la piel ayuda a disminuir el estrés y baja los niveles de ansiedad.

La piel, además de ser una barrera que nos protege del exterior, es un órgano social. Millones de terminaciones nerviosas repartidas por todo el cuerpo, nos informan mediante el tacto de lo que ocurre a nuestro alrededor, de las características de aquello que entra en contacto con nosotros y de cómo nos sentimos al relacionarnos físicamente con ese entorno (si nos estremece, si nos hace daños, nos da dentera, nos excita, nos irrita o nos da asco).

La caricia es una forma de comunicación primaria. El contacto físico, siempre que sea consentido y no invasivo, favorece el vínculo entre las personas.

El sistema nervioso se extiende por la piel mediante esa amplia red de receptores sensoriales que informan al cerebro sobre las sensaciones que le llegan mediante el tacto. Cuando la piel se siente agredida, el sistema nervioso se excita y pone a la persona en situación de alerta y a la defensiva. De forma similar, cuando la piel se siente tratada con cariño y cuidada consigue que la persona se relaje y confíe, influyendo en la disminución de la ansiedad.

Parece estar demostrado que las caricias, los masajes y el contacto físico en general (si es agradable y la persona confía) disminuyen la producción de cortisol, la hormona del estrés, lo cual parece favorecer el funcionamiento del sistema inmunológico. Incrementando también la producción de hormonas que favorecen el estado de bienestar como la oxitocina, dopamina y serotonina.

En principio, los leves roces en la piel resultan placenteros de forma generalizada. Esto puede dejar de ser así cuando pensamos sobre ese roce: si tiene connotaciones sexuales o en los compromisos que me puede acarrear ese contacto.

Así, si una persona tiene dificultad en poder confiar y disfrutar del contacto físico (y desea que esto cambie) tendrá que hacer un proceso de autoanálisis sobre qué factores pueden estar influyendo en esa actitud.

A continuación trataré algunos de estos factores que pueden estar actuando. Por una parte, hay que indagar sobre cómo se ha ido construyendo ese patrón de funcionamiento, para después ir introduciendo cambios en la conducta. Ir conociendo las propias limitaciones (miedo, vergüenza, culpa) para ir haciendo pequeños experimentos que ayuden a ampliar la gama de respuestas.

LA PERSONA ADULTA CARENCIADA

Como decía, la caricia es una forma de comunicación primaria; las experiencias que hayamos tenido respecto al contacto físico a lo largo de nuestra vida (especialmente en la infancia) va a determinar nuestra actitud en el futuro.

Desde la infancia, nos encontramos con que socialmente se van a ir restringiendo estas caricias. “No te toques” y “no toques a los demás” van a ser frases comunes.

Las niñas y los niños no entienden este discurso, pues es su impulso natural, pero se va interiorizando el mensaje y restringiendo esa búsqueda de contacto físico, a la vez que se va formando una idea del cuerpo como algo malo (o peligroso cuanto menos) y asumiendo que es inapropiado la expresión espontánea de lo que siente.

Y así se va creando el adulto carencial: culpa y vergüenza.

Incluso el impulso reprimido a tocar puede transformarse en un impulso a fastidiar en una búsqueda de ese contacto negado, sería la ”caricia negativa”; por ejemplo un hombre que no se permite mostrar ternura y afecto a través del contacto físico por considerarlo inadecuado desde su masculinidad puede buscar ese acercamiento a través de la pelea o el empujón.

Progresivamente, en la persona adulta el tocar va perdiendo toda naturalidad (igual pasa con la desnudez) y se convierte en una acción totalmente sexualizada (en el sentido de sexualidad como genitalidad). El tocar se entiende, solamente, como una invitación a tener relaciones sexuales de coito o como agresión.

Así, nuestra sociedad, sobre todo a través de la religión, ha decidido que lo mejor es restringir el contacto físico placentero, y centrarlo en el proceso reproductivo; de forma que todo el componente lúdico de la sexualidad y la sensualidad es denostado y desnaturalizado.

Es cierto que los límites del contacto es un tema complejo, que cada individuo debe indagar en sí mismo en el proceso de autoconocimiento. Exige a la persona estar conectada con sus deseos y necesidades y empatizar con los deseos y necesidades de las demás a la hora de establecer un acercamiento. Además de convivir con las formas y límites que cada sociedad considera adecuados.

Esta construcción sobre la forma de de vivir la estimulación corporal puede acarrearnos una serie de dificultades:

Una tiene que ver con el permiso que nos damos para darnos placer a nosotros mismos; más teniendo en cuenta que es necesario conocer el propio cuerpo para poder disfrutarlo y no esperar a que sea el otro quien me adivine y me de placer.

Por otra, resulta complicado disfrutar del contacto físico sin que éste se sexualice; la manera en que nos socializamos (o simplemente el hecho de que pensemos) determina de forma rígida que contacto se puede tener sin que empiece a tener una connotación sexual-coital.

Y finalmente, cuando hay una relación claramente sexual, ésta tiende a centrarse en los genitales y en la penetración, no observando otras maneras de placer.

CONTACTO FÍSICO Y GÉNERO

Creo que esta última dificultad indicada está muy marcada por la forma de vivir la sexualidad desde el género. Sea por razones biológicas, evolutivas o culturales, el acercamiento al contacto físico desde la masculinidad y desde la feminidad es bastante diferente.

En mi experiencia terapeútica con parejas heterosexuales es un clásico que el varón se queje de que hay poco sexo (entendido como penetración), mientras que la demanda de la mujer en este aspecto se refiere, en general, a que haya más comunicación y una relación que integre más a todo el cuerpo. La exigencia de las mujeres de su derecho al placer, hace necesaria cierta “feminización de la práctica sexual”.

Es preciso que el varón tenga en cuenta las necesidades de su pareja para que la relación sea gratificante para ambas partes (la relación ha de ser gratificante para ambas partes o no será). Por otra parte, en este proceso de aprendizaje ampliará su gama de recursos para dar y recibir placer.

Cómo no, esta mirada centrada en el coito influye en gran medida en las relaciones entre personas del mismo sexo. Las mujeres que tienen sexo con mujeres y los hombres que tienen sexo con hombres están condicionadas por este hecho admitido de forma generalizada de que es preciso meter algo en algún sitio para tener una buena relación sexual y que, además, esta conducta es invariable.

Una vez más tenemos que observar que esta división se basa en un modelo centrado en el placer del hombre heterosexual y una descalificación de lo femenino.

Pues esa es la cuestión, que además de meter y meterse órganos y objetos por las diferentes cavidades del cuerpo existen otras formas de darse y dar placer, que no es mejor (ni peor) penetrar a que te penetren, que no es preciso meterse nada para disfrutar sexualmente, que hay diferentes zonas erógenas en el cuerpo a explorar y estimular.

ASPECTO PRÁCTICOS PARA EXPLORAR EL CONTACTO

Para que el contacto con otra persona sea gratificante es importante empezar por conocer el propio cuerpo: no tener miedo a tocarse uno mismo, conocer cuáles son las partes más erógenas, más sensibles del propio cuerpo. Qué tipo de estimulación me es grata, con qué presión (más fuerte, más suave), además esto cambiará de unas zonas a otras y también dependerá del momento.

Al no ser la respuesta al contacto algo estable e invariable, requiere estar atento a los sentidos en el momento presente, estar en el disfrute y no interrumpirse con el pensamiento.

Esta indagación del propio cuerpo también se puede hacer directamente con otra persona, pero creo que es adecuado conocerse un poco antes de ir al encuentro con el otro, sobre todo para no dejar en sus manos la responsabilidad de mi propio disfrute.

En la relación con otra persona es preciso crear espacios agradables, íntimos, eróticos y disponer de tiempo para poder estar relajadas (en principio la situación puede provocar cierta ansiedad).

Enfrentarse a la vergüenza que puede suponer hablar de los propios deseos y evitar juicios hacia la otra parte. Preguntar, poder decir que es lo que me gusta y lo que no en voz alta y con detalles.

Dar y recibir, poder transitar por ambos lugares, atendiendo y también dejándose hacer. Darse derecho a recibir y explorar la confianza en la otra persona. Perder el miedo a mostrar la vulnerabilidad. Dejarse estar en el recibir, sin exigencia.

Disfrutar de cuidar, de atender a la otra persona y sentirse causante de su bienestar

Explorar todos los sentidos. Introducir masajes y caricias para explorar todo el cuerpo, propio y ajeno. Tocar y dejarse tocar sin prevención. Algo de técnica, como unos movimientos básicos de masaje sensitivo, siempre ayuda.

El sexo es importante, pero el amor, el cariño, el afecto,… es fundamental.